lunes, 30 de septiembre de 2013

[ X ] Estado de imbecilidad transitoria.






Todo sería mucho más sencillo si lo advirtieran desde el principio. Más pronto que tarde. Nada más nacer. A bocajarro. Una nota, un post-it, o mejor dicho, un epitafio pero al revés. ¡Qué se yo!

¡Un mísero telegrama!

Hola. STOP
El enamoramiento no se elige. STOP
(JAJAJAJAJAJAJA STOP)

O incluso un SMS…

El amor es ciego. Suerte. (JAJAJAJA)

Pero no. No. No, señores. Esto no es así. No. ¡Alguien pensó que sería más divertido que cada uno lo experimentara en sus propias carnes! ¡Vamos a pasarlo bien! Y en esas estoy. Tal cual.

Y es que a menudo sucede que lo más moderno es lo más antiguo, y lo más nuevo es lo más viejo.

Lo más antiguo del universo resulta nuevo; lo más ajado, flamante, lo más viejo y caduco, niño y joven.

De acuerdo con esta ley, hasta el primer pecado del hombre, aquel pecado marchito, repetido millones de veces, desprovisto de toda originalidad, es conocido aún con el nombre de <<Pecado original>>.

Y de acuerdo con esta ley, hasta algo como el enamoramiento, que se repite de generación en generación, todos los malditos años, todos los veranos, arriba, abajo, aquí y allá, y hasta en la china… ¡Se vuelve noticia, cobra importancia y se hace real, cuando lo experimenta uno mismo! ¡Qué barbaridad!

No, si ya nos lo advertía Ortega y Gasset… El enamoramiento es un estado de imbecilidad transitoria decía. Decía y tenía razón.

Mientras me acostumbro, les dejo con un fragmento desternillante sobre esto mismo, en el que Pablo Neruda (El cartero de Neruda, 1986) es el protagonista:

-Don Pablo – Declaró solemne -. Estoy enamorado.
-Bueno – Repuso – No es tan grave. Eso tiene remedio.
- ¿Remedio? Don Pablo, si eso tiene remedio, yo sólo quiero estar enfermo. Estoy enamorado, perdidamente enamorado.


-Don Pablo, estoy enamorado.
-Eso ya lo dijiste. ¿Y en qué puedo servirte?
-Tiene que ayudarme.
-¡A mis años!
-Tiene que ayudarme porque no sé qué decirle.
La veo delante de mí y es como si estuviera mudo. No me sale una sola palabra.
-¡Cómo! ¿No has hablado con ella?
-Casi nada. Ayer me fui paseando por la playa como usted me dijo. Miré al mar mucho rato, y no se me ocurrió ninguna metáfora.  Entonces entré en la hostería y me compré una botella de vino. Bueno, fue ella la que me vendió la botella.
-Beatriz.
-Beatriz. Me la quede mirando y me enamoré de ella.
Neruda se rascó su plácida calvicie con el dorso del lápiz.
-Tan rápido.
-No, tan rápido no. Me la quede mirando como diez minutos.
-¿Y ella?
-Y ella me dijo: << ¿Qué miras, acaso tengo monos en la cara?>>
-¿Y tú?
-A mi no se me ocurrió nada.
-¿Nada de nada? ¿No le dijiste ni una palabra?
-Tanto como nada de nada, no. Le dije cinco palabras.
-¿Cuáles?
-¿Cómo te llamas?
-¿Y ella?
-Ella me dijo <<Beatriz González>>.
-Le preguntaste <<Cómo te llamas>>. Bueno eso hacen tres palabras. ¿Cuáles fueron las otras dos?
-<<Beatriz González. >>
-Beatriz González.
-Ella me dijo <<Beatriz González>> y entonces yo repetí <<Beatriz González>>.

-Si no fuera mucha molestia, me gustaría que en vez de darme dinero me escribiera un poema para ella.
-Pero si ni siquiera la conozco. Un poeta necesita conocer a una persona para inspirarse. No puede llegar e inventar algo de la nada.
-Mire, poeta, -Lo persiguió el cartero -. Si se hace tantos problemas por un simple poema, jamás ganará el premio Nobel.


Bien. No me andaré con rodeos. ¿Quién es él? ¿Como es? ¿Es guapo? ¿No será francés? ¿Tiene coche? ¿Hace cuánto que lo dejo con su última novia? ¿Tiene hermanos? ¿Cómo le conociste?...blablablabla





Calma.

Calma señoritas.





Que se llama...





 Grenoble....



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Sí, francés tenía que ser...

Les aseguro que haré lo debido, para que esto no acabe como lo del cartero de Neruda. TODO lo debido.

Grenoble... No eres tú, soy yo.



*A todos los que estén a tiempo... cuidadito con eso del enamoramiento... ¡Es una trampa!
*"El cartero de Neruda" de Antonio Skármeta, risas aseguradas.
*Que sí. Que os echo de menos a todas. Mucho. Y que os prepareís para el 27 de abril de 2014, que hay mucho que celebrar. ¡Nos vemos en Roma, señores!
*Ah, y que mañana empiezo las clases de francés. ¡Esta vez seremos tres españolas en clase! ¡Veremos a ver si aprendemos algo o esto va a ir de relaxing cups of cafe con leche! ¡Que no mamá! ¡Que no!