viernes, 14 de junio de 2013

BASADO EN HECHOS REALES, UN VIERNES.






Aún recuerdo a la perfección la primera vez que pise una discoteca. Era viernes y yo tenía 17 años. ¿17 años? Si. 17 años. Para mi Light solo existe la coca-cola. Y Green por supuesto no contaba.


Para hablarles de esa primera entarda en una discoteca, tengo que presentarles antes a  mi amiga Anita. Mi amiga Anita, es la “otra parte de mi cerebro”, las locuras que no se me ocurren a mi, se le ocurren a ella, y al revés, y lo mejor (o lo peor) es que ninguna conocemos el significado de la palabra “no”, de modo que juntas hemos recopilado grandes historias para los nietos, incluso algunas que no se pueden contar a los nietos, como la de hoy, precisamente. Y no es que contenga escenas explícitas, pero no hay que dar ideas. Ya saben.


 Un viernes cualquiera de un Madrid de primavera de hace ya algunos años, aunque pensándolo bien, no tantos. Una de la madrugada, una copa encima. Ríanse, ríanse, pero no llevábamos más de una. Que lo diga Anita, sino. Bajábamos Goya hacia colón. No se muy bien que pretendíamos hacer. Aún tengo la duda. 



Sólo sé que habíamos dejado a nuestras amigas por ahí e íbamos hablando de lo divertido que sería conocer a unos desconocidos y salir con ellos esa noche. Un millón de desconocidos después, puedo asegurarles que mis nietos no saldrán por ahí hasta que no me demuestren que tienen un poco más de inteligencia que nosotras por entoncés. 


Aclarado esto... Permanecimos entre pasos de cebra sin cruzar unos cinco minutos. Ninguna quería irse a casa, pero el panorama no era muy alentador. Por supuesto conociamos todas las direcciones de las discotecas, lo que nos faltaba era un dni con el que nos dejaran pasar. Lo de que es factible colarse en las discotecas lo debimos descubrir esta misma noche, pues a partir de ahí las salidas nocturnas se multiplicaron… 


 Anita, yo. Qué hacer. Eterno debate. Levanté la mano esperando que el próximo taxi que pasase nos recojiera. El maldito taxi  paso de nosotras y de largo. Eso nos dió unos minutos más de indecisión sobre esa noche mientras esperamos a que pasara el siguiente.


 Y en ese preciso momento. Allí estaban. Dos chicos. Dos chicos holandeses. Digamos que tenían más de 20 y menos de 30. Nosotras nos hubiéramos conformado con un par de españoles simpáticos y divertidos, pero oye, los hilos los mueve el destino. Tocaba hablar en inglés. Por fin los veranos en Chicago y en Londres iban a dar sus frutos. Aunque no exactamente como nuestros padres querían.

 Anita, Ana, y los holandeses.

 ¿Sabéis de alguna discoteca por aquí cerca? Y nos saca uno de ellos un papel arrugado en el que hay escritos cuatro nombres de discotecas Madrileñas. Lo mejor de cada casa, pueden imaginarse: Joy Eslava, Penélope, Pacha, But. Aunque claro, nosotras aún no lo sabíamos. Las más cercanas son Pacha y But. Me imagino que intercambiaríamos algo más de información, pero lo cierto es que no lo recuerdo. Sólo sé que nos intentaron convencer para que saliéramos con ellos. Nosotras nos hubieramos ido con ellos sin pensarlo, pero era muy vergonzoso tener que confesarles nuestra edad y admitir que no teníamos ni dni. ¡Ni dni! Como comprenderán, excusas a tutiplé… Nos dan las gracias por ayudarles sintiendo mucho que no podamos salir con ellos y paran un taxi. Justo cuando se están montando en el mismo, uno nos hace un gesto y grita: <<Vale que no salgáis con nosotros, pero dejarnos llevaros a casa.>>  Y las dos, sin tan siquiera pedirnos permiso una a la otra, asentimos y nos dirigimos al taxi. Cinturones y andando.

 ¿Mami? Si, si... ¡Somos nosotras! ¡Que nos vamos a retrasar un poquito! ¡No! ¡Volvemos pronto!

Si... ¡Volvemos pronto! Oigo que uno de ellos le dice al taxista que vamos a Pacha. Mientras tanto, su amigo habla con nosotras y la conversación debió de ser bastante entretenida, pues  sin darnos cuenta estamos a las puertas de Pacha. Miro a Anita aterrada preguntándole con la mirada ¿Qué vamos a hacer? ¿Sin dni en Pacha? Al salir del taxi decidimos que es mejor decirles la verdad cuanto antes. No queremos espectáculos. 

 Tenemos que hablar.

 Tenemos un pequeño problema. Esto… Verás… tenemos 17 años. 
¿17 años? Bueno ¿y qué? 

Verás es que nos van a pedir el dni y si ven que tenemos 17 no nos van a dejar pasar… 

No te preocupes, cuando sepan quienes somos os van a dejar pasar.


 ¿Lo has oido Anita? ¿Pero estos holandeses que se creen? ¡Verás tú!

 Y así tal cual, mientras nosotras nos reíamos, se salto toda la cola, dijo algo al puertas al oido y nos dejaron pasar sin tan siquiera mirarnos. Casi haciéndonos la ola. 


Tengo que decir que para ser un primer contacto con las discotecas fue un poco agresivo... demasiadas emociones en la misma noche. Tantas como botellas llegaban a ese reservado. Pero supongo que era esto o tatuarse la noche en el brazo. Y ahora los tatuajes se pueden borrar... Solo añadir, que desde entoncés, no hay discoteca que se nos resista ¿Verdad Anita?


 ¡Feliz noche de viernes a todos menos a los que sean nietos! ¡Diviértanse!