lunes, 27 de mayo de 2013

¡A LA CAMA!





¡Ay! Ya lo sé. Y no crean, no les falta razón. Lo que ocurre es que la época de exámenes es así. Es así de acaparadora y de traicionera. Y tan celosa. Tan celosa como esos novios pasados de los que todo el mundo tuvo -todo el mundo menos yo, dicho sea de paso-. Eso y que el derecho no da tregua. No da tregua ni de noche ni de día.

Poco que contar. Nada más –y nada menos- que mal tiempo por aquí... ¡uy, que digo! ¿Mal tiempo? Invierno queridos, INVIERNO. Un invierno que más parece un novio pasado de esos que no quiere desaparecer de tu vida -de este si, señores, de estos si-. Entre este invierno pesado que no quiere cortar y que ayer me comí a besos a la peque de la casa y lo único que me dio a cambio fue un resfriado, estoy más que entretenida. También contarles que tenemos nuevos vecinos por aquí. Un par de conejitos que se alojan en el jardín y que no tienen pinta de ser de fiar. Uno hace ruiditos al comer. Y el otro solo come flores. Me dirán que no es sospechoso.

Sospechoso.

Esto me recuerda algo que ocurrió en casa (Madrid) hace unos años. A vosotras* os he contado esta historieta ya unas cuantas veces. Espero que me perdonéis por contarla una vez más, pero es que hay gente nueva por aquí.

Intentare ser lo más fiel posible a los hechos. Aunque no prometo nada, fue hace ya bastante. Estén atentos a los comentarios por si alguno de mis hermanos quiere añadir datos o hacer alguna aclaración.

Resulta que mi hermana, cuando cumplió 8 años, se empeño en que por su cumpleaños quería un conejito. Obviamente, no podía ser un conejillo cualquiera. Ella necesitaba un conejo, según nos dijo, que fuera Toy. ¿Toy? ¿Pero y que diantre significa eso?(Me imagino que diría mi madre) Un conejo Toy, es un conejo enano, es decir de los que no crecen. Siempre son pequeñitos.(Me imagino que diría mi hermana). Mis hermanos y yo no tardamos en reaccionar y dar nuestro veredicto a semejante cuestión:
 
P: Pobre Conejo, lo va a pasar mal en una jaula todo el día encerrado. Además C. no es lo suficientemente responsable como para cuidarlo.

G. ¡Pues yo prefiero un perro!

NoéAmeLepliage: Huelen mal. NI HABLAR.

¿Y que creen que pasó? Creen bien. Fuimos ignorados rotundamente por mis padres, y finalmente un minúsculo conejo blanco de ojos azul intenso, paso de vivir en un escaparate a vivir en nuestra casa.


 Lo cierto, es que el maldito conejo, nos fue ganando uno a uno.

La primera que sucumbió a sus encantos fue mi madre, ¡Claro con esos ojos azules! –Fíjense si sucumbió que un día la pille en el jardín acunándolo entre sus brazos (Me van conociendo, así que la cara que puse se sobreentiende ¿Verdad? Aún hoy, estoy recuperándome del susto)- El siguiente que cayó en sus redes fue mi padre. ¡Mi padre! Supe que algo no marchaba bien, el día que me dijo que había comprado una correa para pasear al conejo (¿¿¿Una correa??? ¿¿¿Para el conejo??? ¿¡Quién eres tú y que has hecho con mi padre!?). Lo de mis hermanos fue distinto. El mayor se auto declaró su abogado y cada vez que la jaula necesitaba una limpieza o el agua se le acababa al conejo, montaba un juicio y a ver quien se movía. Menudas coartadas había que inventarse. Al pequeño no le costo acostumbrarse al bicho. No era un perro, pero algo era algo. Mientras esto sucedía en frente de mis narices, yo comenzaba a pensar en la posibilidad de que el conejo fuera mas listo de lo que parecía, y quisiera echarme de mi familia y ocupar mi lugar. Menos mal que no le dio tiempo.

A partir de aquí, la historia puede variar, pues la memoria me falla. Ya digo, estén atentos a los comentarios. Por si acaso.

No le dio tiempo, porque mi hermana y mi madre hicieron un viaje a Londres. No recuerdo dónde estaban los demás, ni porqué me quede yo con mi padre o como fue –Lo cual también es sospechoso-. Lo que si recuerdo es que mientras mi madre y mi hermana no estuvieran en casa, mi padre se iba a encargar del conejo –de nuevo: ¡¡Mi Padre!!-. Mi padre es tan o más despistado que yo, de modo que el final estaba clarísimo: A las dos semanas el conejo abandonó el nido y puso rumbo al más allá. Vamos que murió.

Yo, por supuesto ni me enteré. Aunque tampoco creo que me hubiera supuesto un gran trauma. Las cosas como son.

El día que llegaban mi madre y mi hermana, fuimos mi padre y yo a recogerlas al aeropuerto. Todo iba bien, hasta que mi padre se desvió en un cruce. ¡Papá, papá! ¡Que te has pasado! ¡No es por aquí! Es que tengo que comprar una cosa. ¿Una cosa? ¿Qué cosa? Una cosa, anda, no preguntes. Esta claro lo que me conoce mi padre, y como sabe todo lo que le hubiera dicho si hubiera sabido sus malvados planes, de modo que me dejo con la intriga todo el camino.

Al ver el cartel de la tienda, en frente de la cual mi padre pretendía aparcar lo supe. ¿Una tienda de animales? ¡Papá! ¿Qué pasa con Toy? ¿Ahora te preocupa Toy? Cerró la puerta y me dejo esperando en el coche.

Al volver traía una caja. 


¿Qué creen que había en la caja? Creen mal. ¿Como iba a haber un cordero*? No. En la caja había un maldito conejo.

Papá… ¿Puedo decirte una cosa? Si es sobre el conejo no.

Así fue como  llegamos al aeropuerto, mi padre, un conejo tremendamente sospechoso y yo. Después de que mi padre le pusiera la correa al conejo, nos dirigimos a Llegadas. Ni falta que hace mencionar como nos miraba la gente. O como miraban a mi padre más bien -¡Mi padre paseando un conejo por el aeropuerto! No es de esa clase de padre a la que le pega hacer esas cosas… Créanme- Les aseguro que hacían una pareja muy variopinta. Casi tanto como esta. Casi tanto.


Por fin, salieron por la puerta de llegadas mi madre y mi hermana. Besos y abrazos obligatorios. Tras esto, la pregunta mas normal hubiera sido ¿Qué hacéis con un maldito conejo en el aeropuerto?… Pero no… Mi hermana tenía otras dudas…

¿Papá? ¿Y este conejo? Hija, es tu conejo, Toy. ¿Toy? Pero, pero… si Toy era blanco, y este… bueno este… es gris oscuro. Hija, ya sabes, los conejos se hacen mayores. Es ley de vida.  ¿Mayores? Papá… tiene 4 meses… Ya, ya pero los conejos viven poco... Papá, ¿y como explicas que este tan grande? Hija, es normal han pasado unas semanas, ha crecido… Papá es de una raza enana, e-na-na, no pueden crecer. Eso es lo que dicen, pero siempre acaban creciendo… Ah… y… ¿y porque tiene los ojos negros? Toy tenía los ojos azules… ¿Azules? ¿En serio? ¡Que va! ¡No! ¡No te fijaste bien!...

Mientras mi padre explicaba todo esto, yo trataba de aguantarme la risa. A mi lado, mi madre tenía cara de indignada. De indignada de verdad. Indignada nivel: ¡¡Cuando lleguemos a casa tú (mirando a mi padre) y yo tenemos que hablar!! Y ya se sabe como son las madres cuando se indignan. Ni los de Sol superan eso.

Lo que no sé, es hasta que punto mi hermana se dio cuenta del cambiazo... Lo digo porque siguió llamandolo por el mismo nombre que el anterior... incluso a día de hoy...

¿Qué me dicen? ¿Sospechoso verdad?



¡HALA! AHORA TODO EL MUNDO...¡A LA CAMA!


*Caja de mi amigo El Principito. Ya saben. Dónde guardaba su cordero.