viernes, 8 de febrero de 2013

¡PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR!



El martes día 5 de febrero escribí esto en mi diario:


<<Darme una M, darme una A, darme una R, darme una T, darme una E, darme una S… MAAARRRTESSSSS>>

Los martes nunca pasa nada.

Los martes son como un ascensor sin espejo, como un móvil sin batería o como unas patatas sin sal.

Los martes no lograrías ni darte la vuelta antes de que el contador del microondas llegue a cero. Lo pongas el tiempo que lo pongas, esos segundos serán inútiles si es martes.

Los martes no es el día del espectador, los “montaditos” no están a un euro, “la sureña” esta vacía y en “Fridays” no hay <<Hora Feliz>>.

Los martes puedes enamorarte un par de ves. O quizás tres.

Los martes son como un chiste fácil, un semáforo en rojo o una cosa inservible.

Los martes no abren las 24 horas.

Los martes traen recuerdos. Recuerdos de los que pican.

Estoy casi segura de que las tildes diacríticas se eliminaron un martes.

Un martes Caperucita Roja fue a visitar a su abuelita, La Lecherita se hizo demasiadas ilusiones y Marlin perdió a Nemo.

Siempre me dan cita para el dentista los martes. Siempre.

Los martes aunque te tapes con la manta hasta la coronilla, el hombre del saco te encontrará.

Los martes se te podrían ocurrir ideas como ir a esquiar en vaqueros, ir a una discoteca en zapatillas o dejarte las gafas de sol puestas en el metro.

Los martes, si te pica la curiosidad, te da reacción alérgica.

Los martes son como ese dolor de cabeza que roza la perfección y que todos hemos padecido alguna vez.

Un martes no hace mucho, al ratoncito Pérez se le olvidó dejarme una moneda bajo la almohada. -por supuesto- Ya no creo en los ratones y el diente lo guardo -sólo- por despecho.

Los martes la tostada al caerse al suelo -por mucho que reces- cae boca abajo.

Los martes son como un calcetín desparejado, como un balón deshinchado o como un café frío.

Los martes son como las mirillas de las puertas. Los martes son como una piña –una piña seca-. Los martes son como unas tijeras oxidadas.

Los martes son como ese cargador que no te llega a la cama, como esa pereza cuando tocaba recoger los juguetes y como esa canción que te pusiste de despertador y ya no puedes volver a escuchar.

Los martes, si inclinas la silla hacia atrás y te balanceas, mueres. Le paso al primo segundo de un amigo de mi tio, un martes.

Los martes son como esa sensación de culpabilidad que te queda después de comer algo tras haberte lavado los dientes. Culpabilidad por tener que volver a lavártelos.

Los martes deberían ser como el primer día del año, habría que pasarlos en la cama.

Los martes no es día para escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Aquel que lo intento acabo escribiendo en un arbol, plantando un hijo y teniendo un libro. Encima el libro era una novela romántica.

Los martes no hay ni buenos días, ni buenas tardes, ni buenas noches.

En el amor, en la guerra y los martes, todo vale. Creo.

Estoy segura de que los martes planean invadir la tierra.

Los martes no pueden cambiar. No pueden.

Hoy es martes.

Hoy es martes y cumplo 20 años.