domingo, 14 de agosto de 2011

DOS FÁBULAS EN UNA (Gràcies Esteve)

LA HUMILDAD



Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

“Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?”

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: “Estoy escuchando el ruido de una carreta...”



“Eso es” -dijo mi padre- “es una carreta vacía”.

Pregunté a mi padre: “¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?”

Entonces mi padre respondió:

“Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.



Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y mirando por encima del hombro a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

“Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.



La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas.

Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

Nadie está más vacío, que aquel que esta lleno del ‘Yo mismo’.

Seamos lluvia serena y mansa que llega profundamente a las raíces, en silencio, nutriendo.



LA HISTORIA DE LA RANITA



Desde la alegoría de “La Caverna” de Platón a “Matrix”, pasando por las fábulas de La Fontaine, el lenguaje simbólico es un medio privilegiado para inducir a la reflexión y transmitir las ideas. Olivier Clerc, escritor y filósofo, en este breve cuento suyo,

a través de la metáfora, pone en evidencia las funestas consecuencias de la no conciencia del lento cambiar, que infecta nuestra salud, nuestras relaciones, la evolución social y el ambiente. Un condensado de vida y de sabiduría que cada uno podrá plantar en su propio jardín para gozar sus frutos.



La ranita que no sabía que estaba cocinandose …



Imagínate una cacerola llena de agua fría en la cual nada tranquilamente una pequeña ranita.

Un pequeño fuego se enciende bajo la cacerola, y el agua se calienta lentamente.

El agua despacio, despacio se va poniendo tibia, y la ranita encuentra esto más bien agradable, continúa nadando.

La temperatura del agua sigue subiendo.

Ahora el agua está caliente, más de lo que la ranita pueda gozar, se siente un poco cansada pero no obstante eso, no se asusta.

Ahora el agua está verdaderamente caliente y la ranita comienza a encontrar esto desagradable, pero esta muy debilitada, entonces soporta y no hace nada.

La temperatura continúa subiendo, hasta que la ranita termina simplemente, cocinándose y muriendo.

Si la misma ranita hubiera estado metida directamente en el agua a 50 grados, con un golpe de sus patas, inmediatamente habría saltado fuera de la cacerola.

Esto demuestra que, cuando un cambio viene de un modo suficientemente lento escapa a la conciencia, y no provoca en la mayor parte de los casos ninguna reacción, ninguna oposición, ninguna revuelta.

Si miramos lo que sucede en nuestra sociedad desde hace algunas décadas, podemos ver que estamos sufriendo una lenta deriva a la cual nos estamos habituando.

Una cantidad de cosas que nos habrían hecho horrorizar 20, 30 o 40 años atrás han sido poco a poco banalizadas, y hoy preocupan apenas, o dejan directa y completamente indiferente, a la mayor parte de las personas.

En nombre del progreso, de la ciencia, y del aprovechamiento, se efectúan continuos ataques a las libertades individuales, a la dignidad, a la integridad de la naturaleza, a la belleza y a la felicidad de vivir. Lentamente, pero inexorablemente, con la constante complicidad de las víctimas, inconscientes, o quizás incapaces de defenderse.

Las negras previsiones para nuestro futuro en vez de suscitar reacciones y medidas preventivas, no hacen más que preparar psicológicamente a la gente para aceptar

las condiciones de vida decadentes, y también dramáticas.

El martilleo continuo de informaciones por parte de los medios satura los cerebros, que no están ya en condiciones de distinguir las cosas.



Cuando hablé de esto por primera vez, era pensando en el mañana...

¡¡¡ Ahora es para HOY !!!

¡Conciencia o cocciòn, debemos elegir!

Entonces, si no estás como la ranita ya medio cocinad@, da un saludable golpe con tus patas ¡antes que sea demasiado tarde!

ESTAMOS MEDIO COCINADOS, ¿ O NO ?