martes, 1 de marzo de 2011

Una política exterior rompedora


Llegará el día en que recordemos a Moratinos como un monumento al sentido común en las relaciones internacionales de España. Zapatero llegará hoy a Túnez en una situación institucional que se aproxima al colapso, El primer ministro y cinco miembros de su Gobierno han dimitido en las últimas 72 horas. Dos de los dimisionarios eran miembros de la oposición nombrados tras la caída de Ben Alí, miembro de la Internacional Socialista hasta su caída, ni un día más. Mientras, no se descarta la posibilidad de un golpe de Estado

¿Y a quién piensa encontrar Zapatero dispuesto a pegar la hebra con él, si puede saberse? Bueno, quizá al aparcacoches del aeropuerto de Túnez, que no registrará en estos días un tráfico extraordinario, pero aparte de eso el presidente lleva una agenda muy abierta, dispuesto a entrevistarse con los presidentes de las comisiones que estudian las reformas, con grupos de la oposición y con los líderes de las redes sociales. Es una lástima que el presidente no se haya hecho acompañar por los blogueros que se reunión con González Sinde para discutir la ley de la ministra.

No hacía falta. Después de todo, él es un experto en Internet. Según sus hagiógrafos, Zapatero ha hecho instalar en el avión presidencial un sistema de conexión  como el que Obama tiene en el Air Force One y aprovecha sus desplazamientos para navegar por la Red. De hecho, no suele dejar pasar ni un solo día sin conectarse durante unos minutos, dedicando una especial atención a las webs de los periódicos. Apenas comenzado el siglo XXI. Un precursor. hace años, callejeando por Córdoba, en una plazuela en la que se levanta una estatua de Maimónides, coincidí en la contemplación de la misma con una grupo de aborígenes. Uno de ellos paro a los demás para instruirles con gran solemnidad: "Fijaros que cuando en todo el mundo naide sabía leer ni escribir, este nota ya era médico en Córdoba. ¡Tiene cohoneh la cosa!"  

Lo mejor, con todo es su predisposición a ayudar en el proceso que vive Túnez: les va a llevar la experiencia de la transición española, que, como Él mismo dice, ha sido un modelo en muchos países. Es de suponer que se recree en su aportación específica a esa gran obra colectiva explicando los beneficiosos efectos que habría de tener para la convivencia entre los tunecinos: la ley de memoria histórica. También podría recomendarles la profundización en un modelo de Túnez plural y diverso: definir nuevos estatutos para las kábilas y nuevos modelos de financiación. ¿Y qué tal enviar a Baltasar Garzón como asesor, si no cuaja lo de Colombia?