domingo, 13 de marzo de 2011

Tarde y como a regañadientes, pero cumplidor


Recordarán los más viejos del lugar que Angela Merkel pasó por estos prados con presura y preñados los dejó con su cordura. Fue el 3 del pasado mes de febrero. Chaves aseguraba que la visita de la dama madura no suponía un examen. Cuando se fue, fuimos unánimes al decir que habíamos aprobado el examen. No todos con el mismo grado de entusiasmo. Estaba la sombra de una exigencia que iba en contra de nuestras más arraigadas tradiciones sociolaborales: el matrimonio indisoluble entre salarios e inflación. ¿Qué hacer cuando uno de nuestros problemas más graves es la falta de productividad? Vincular salarios a productividad, dijo Merkel. Un editorial de El País defendía al día siguiente nuestro propio camino a la productividad:
Pero otras propuestas de Merkel, que rebasan los límites de la coordinación económica y la homogeneidad fiscal, pueden resultar más discutibles. Es el caso de su proyecto, descartado cortésmente por el Gobierno español, los empresarios y los sindicatos, de desligar los aumentos salariales de la inflación como una de las condiciones para aprobar la ampliación del Fondo de Rescate europeo. La economía española necesita cambiar su patrón de crecimiento; ahorrar más y aumentar la productividad. Para ello se necesitan muchos cambios, y también discutir lo que Merkel propone. Pero al final, cada país debe elegir su propia fórmula para mejorar la productividad. España ha elegido subir la productividad mejorando la educación, aumentando el capital tecnológico y las infraestructuras.
Todavía el pasado lunes defendía la secretaria de Empleo el lazo sagrado con la inflación. ¿Alguien tenía dudas de cómo iba a terminar esto?