lunes, 7 de marzo de 2011

Tal como éramos




En el collage fotográfico, de la web 'El microscopio' puede verse una de las pocas coincidencias de la política exterior de Aznar y Zapatero. En la fila superior, el actual presidente saludando a Ben Ali, Mubarak y Gadafi. En la inferior, Aznar, con los mismos personajes.

Mi amigo Pedro Corral pescó en la web de La Moncloa las palabras exactas de José Luis Rodríguez Zapatero en Túnez, ante Ben Ali, que entonces no era un dictador, sino un miembro de la Internacional Socialista, de la que fue expulsado con deshonor pocos días después de que las revueltas populares lo desalojaran del poder. Lean con atención las palabras del presidente español, el 8 de septiembre de 2004:




Buenas tardes.
Túnez y España tienen una relación de amistad basada en un Tratado de Cooperación y de Amistad, y esta Reunión de Alto Nivel se inscribe en ese desarrollo y en ese proceso.
Para el Gobierno que presido la relación con los países del Mediterráneo y con el Magreb constituye un objetivo prioritario y especial. Forma parte de lo que podríamos denominar una política exterior de futuro para España: de futuro por las enormes posibilidades de relación en el ámbito económico, de futuro porque fomentaremos una cultura de relación y de comunicación entre la Unión Europea y el Magreb en el ámbito mediterráneo, y de futuro porque compartimos mucha historia común el ámbito de la cultura.
En consecuencia, mi deseo es que esta Reunión de Alto Nivel sea un paso más en la mejora de las relaciones entre Túnez y España, que son ya muy buenas; pero también un paso en lo que representa el diálogo en la búsqueda de un orden internacional más justo, donde la cooperación esté por encima del enfrentamiento y donde veamos procesos de paz cercanos y no procesos de más violencia.
Creemos que el destino del orden internacional sólo podrá basarse en la legalidad internacional, en el fortalecimiento de las Naciones Unidas, en la profundización de las áreas de integración regionales, en las relaciones entre distintas áreas regionales, como el Mediterráneo y la Unión Europea, y en la cooperación en todos los ámbitos para aislar radicalmente al integrismo, al extremismo. Pero, como la Historia demuestra, la batalla del aislamiento de los violentos es sólo una batalla política y cultural. El resultado será mucho más sólido y, por ello, que países como España y Túnez den ejemplo de ser amigos y casi hermanos es un buen mensaje.
Compartimos muchas cosas de la historia común y de encuentros culturales, pero siempre es mucho más atractivo lo que está por compartir. Sin duda alguna, en el ámbito de la cultura y de la investigación debemos de intensificar ese proceso siempre interesante y creativo que es descubrir al otro.
Por ello, para mi Gobierno toda la vertiente de la relación cultural y de la cooperación cultural tiene tanta importancia como la cooperación y la relación económica. Sobre ésta última tenemos bastante por avanzar. Creo que en los días que tenemos la Reunión de Alto Nivel vamos a poder profundizar en un mayor intercambio comercial con una mayor expectativa de inversión. Tenemos una agenda en ese sentido.
En definitiva, reitero mi agradecimiento. Creo que los pueblos, los países y los Gobiernos se unen, sobre todo, cuando comparten y comprenden valores y principios. El proceso de modernización que vive Túnez es para nosotros un estímulo, que deseamos que avance lo más rápidamente posible y queremos contribuir a ello, porque habremos hecho una aportación, sin duda alguna, muy positiva para el conjunto de la región.
Reitero las gracias. Sólo quiero decirles que les he hablado como un amigo de Túnez. 




Aquel 8 de septiembre de 2004 habría venido muy bien el relato optimista que hizo José Luis hace unos días sobre nuestra transición y lo diver que es la democracia, asunto en el que va a profundizar Elena Valenciano. Tal vez hubiera podido ahorrar estos últimos disgustos y adelantar la transición algunos años.

Antes sí se hacían estas cosas. Yo recuerdo un viaje del Rey a la Argentina de Jorge Rafael Videla, entre el 26 y el 30 de noviembre de 1978. La izquierda española criticó el viaje, a mí también me pareció mal, pero cambié de opinión, al igual que la izquierda de entonces cuando el Rey introdujo en su discurso una defensa sin ambigüedades de los derechos humanos ante el dictador. Era durante el Gobierno de Suárez, aquel gobernante con el que fuimos tan injustos, y su ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja.