miércoles, 2 de marzo de 2011

La transición soy yo,
que para eso la vi primero




Impresionante gesta la protagonizada ayer por el presidente del Gobierno. Volvió del Golfo Pérsico para dormir en casa y ayer se fue a Túnez para ponerse al frente del proceso democrático en el Magreb, dada su experiencia en la transición española:
“Mirad, mi abuelo fue fusilado por Franco. Cuando cumplí 15 años murió el dictador y tres años después, a los 18, ya teníamos una Constitución. No sabéis cómo se puede disfrutar de la democracia. En mi caso hasta he llegado a ser presidente del Gobierno.” 
Quino anticipó hace bastantes años con mucha precisión el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero, con un solo matiz: el padre de Mafalda no se atrevió a imaginar que la bombilla fundida sería de bajo consumo. La transición se hizo para que él fuera testigo.Vuelvan a leer el entrecomillado y admiren esa portentosa capacidad de síntesis que viene a ser para la historia de España, lo mismo que para la historia de la humanidad el legendario y cortísimo cuento de Monterroso. Él fue a Túnez, se subió en su sillita con la lámpara quemada de Sebastián en la mano izquierda y un libro de cuentos en la otra y se convirtió en icono vivo de la Libertad para unos tunecinos maravillados por haber conocido a un testigo de la transición española, a menos que hayan establecido relación causal entre los 15 años del testigo y el óbito del dictador. Así se explican sus declaraciones en la derruida T-4 de Barajas cinco días después del atentado con el que ETA rompió la tregua el 30 de diciembre de 2006, aunque el Gobierno siguió intentando el diálogo:

Desde el escenario de la violencia, después de muy pocos días de ese atentado tan grave, [le parecerá que llegar con cinco días de retraso es una muestra de diligencia] aseguro que la energía y la determinación que tengo para ver el fin de la violencia, [ver es un verbo que implica una actitud pasiva. No hace falta emplear energía o determinación para ver. Sólo hace falta no estar ciego y abrir los ojos. Para lo que sí hacen falta la energía y la determinación es para derrotar a ETA, detener a los terroristas y enviarlos a la cárcel] para alcanzar la paz [otrosí digo: ¿energía y determinación "para alcanzar la paz"? Basta dejarse conducir por el proceso], es hoy, si cabe, mucho mayor. Los españoles saben que es una batalla dura, pero saben además que cuentan con la firme determinación de las instituciones del Estado de Derecho para ver el fin de la violencia. [Y dale con la "firme determinación para ver". La insobornable voluntad de quien oye llover.]

Lo que confiere a los acontecimientos históricos su pleno sentido es la mirada adolescente de José Luis. Las dos últimas frases constituyen un autorretrato. Aquí nuestro doctor Asclepio tendría tajo para varios años.