sábado, 5 de marzo de 2011

In vino veritas
(El txakoli txungo de Kastilla y Kantabria)

A mi amigo Jesús M.

Es admirable la seriedad nacionalista con la que el Gobierno de Patxi López, tan beneficioso para estas tristes tierras por un par de grandes motivos, se ha empeñado en singular batalla contra molinos de viento a propósito de la exclusividad del término 'txakolí', otra de esas tradiciones que han echado raíces centenarias en los últimos quince años. "Hoy en día, el txakoli de Bizkaia se elabora..." dice la revista 'Sumilleres' en una curiosa acotación temporal para un rito incunable, puro manifiesto de la contingencia, quince años de historia desde el pleistoceno de la denominación de origen.

Este fenómeno es muy natural, habida cuenta de que el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakoliña es, desde su fundación, Asier Arzalluz Loroño, hijo del Gran Timonel del nacionalismo vasco. El presidente de la Denominación publicó en 2006 un curioso ensayo histórico: 'Bizkaia del Fuero a la independencia. Siglos XVI a XX' cuyo título parece señalar un recorrido que va desde el sistema foral del siglo XVI a la independencia a la que Bizkaia habría accedido en el siglo XX. Vaya por Dios, me habrá pillado distraído. Otro asunto notable del libro es su edición, que ha corrido a cargo de la Librería Anticuaria Astarloa, de Bilbao, especialista, como su propio nombre indica, en libros antiguos. Solo se publicaron 300 ejemplares, confeccionados artesanalmente con papel especial y se pusieron a la venta en 300 euros la unidad.

Ésta es una metáfora extraordinaria sobre los mitos del nacionalismo vasco. Clásicos populares de hoy en día que nacen ya convertidos en históricos gracias a la edición anticuaria. El nacionalismo es como el betún de Judea que dota de una pátina centenaria a cualquier mueble comprado en unos grandes almacenes. Por eso todo es secular aquí, ya sea la represión francesa, al decir de Tasio Erkizia o la figura del lehendakari. Seguramente sorprenderán a sus amistades si les cuentan que el primer lehendakari de los vascos fue nombrado el 7 de octubre de 1936, no en una medieval asamblea de ancianos reunidos a la sombra de un viejo roble. Luego, y en lo que respecta al chacolí, está el Madoz.

 Qué más da que la producción de chacolí esté datada en Miranda de Ebro, por ejemplo, desde el siglo XVI. "pues nosotros, los vascos, no datamos", según contaba Unamuno que le dijo un autóctono a un Montmorency en el artículo 'Alma vasca', publicado en enero de 1904 en la revista 'Alma española'. Qué más da que una parte no desdeñable (21,3%) del 'txakoli' que se vendía aquí y del que se exportaba fuera fraudulento por proceder de cualquier clase de uva o incluso de mezclas de vinos blancos de ignoradas procedencias que hacían algunas bodegas guipuzcoanas, con la palabra 'txakoli' en su etiqueta.

El asunto es que el lehendakari López y su Gobierno se han tomado en serio el tema y están plena gesta de defensa del txakoli frente a los falsificadores, unos desaprensivos que se dedicaron a copiar el vino vasco como si fuera el sauternes 'Château d'Yquem'. Lo malo es que las majaderías calan como puede verse en la ilustración, apoteosis del air du temps, el sentido más profundo de la España plural y diversa. Una curiosidad del 'chiste' de Duson en 'El Mundo del País Vasco' es la precisión de la analogía. Es como si los burgaleses protestasen porque se llame 'morcilla' al embutido que con sangre de cerdo, cebolla y puerro se hace desde tiempo inmemorial en Arceniega, por poner un ejemplo.

Recordemos la sabia aportación del maestro Belosticalle cuando empezó a aflorar esta polémica. No hay mucho más que decir. O sí, pero si quiere Belosticalle. Ay, qué tragos.