jueves, 3 de febrero de 2011

María Schneider, in memoriam


Era hija de Daniel Gélin, un secundario del cine francés que rodó casi doscientas películas y acaba de morir de cáncer.  Tenía 19 años cuando Bernardo Bertolucci la enfrentó a Marlon Brando en 'El último tango en París', una película claustrofóbica, agónica y algunos calificativos esdrújulos más. Aquel papel la convirtió en una estrella y, según se dice hoy de manera casi unánime en los obituarios, arruinó su vida. Lo admite como posibilidad el mismo Bertolucci, (ella me acusó de robarle la juventud, y tal vez tenía razón) admitiendo la acusación que ella le hacía: "Bertolucci me utilizó. Me sentí humillada y un poco violada", etc.

La gente, en general, tiene una afición desmesurada a establecer relaciones causales sobre bases insuficientes. Aquella actriz gordita, de mirada ingenua y una carnalidad rotunda y sin misterios alcanzó una fama inadecuada a edad tan temprana. Enfrentarse a la vida cotidiana a partir de un éxito tan fulgurante tiene que ser muy duro y aquella jovencita francesa se convirtió en un juguete roto. En la vida de la gente de mi generación ella y aquella su primera película son dos iconos en la historia del cine y en la cultura de los años 70.