martes, 22 de febrero de 2011

Hoy se cumplen 30 años


Lo que estuvo a punto de truncar la titubeante democracia española se resume en esta foto de los golpistas obtenida durante el juicio que se les siguió por el fracasado golpe de Estado. No están todos los que son, ciertamente. Falta, por ejemplo, Juan García Carrés, el capo de los sindicatos verticales que ya se había hecho famoso cuatro años antes, tras el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha. Él era un exotismo en el juicio de campamento, la trama civil del golpe, un exceso de sinécdoque, por muy gordo que estuviera.

No están en la foto, porque no les admitieron los que sí aparecen: Alfonso Armada, el muñidor de la operación, el comandante Cortina y el capitán Gómez Iglesias. Tampoco están los asaltantes del Congreso de tenientes para abajo, todos aquellos tipos que después siguieron su carrera militar y sus ascensos, exculpados en el llamado pacto del capó, por haberse firmado sobre un coche en aquella mañana del 24, en que los guardias se iban descolgando del golpe saltando por las ventanas del edificio del Congreso. 

A la vista de la segunda fotografía, expresión muy acabada de la indignidad, con unos guardias civiles como el que muestra la foto, cabe preguntarse a qué venía la expresión tan ufana del 'deber cumplido' que muestran los tipos de arriba.

A decir verdad, hubo entre aquella tropa expresiones de indignidad mayores en el tiento que le dieron a las botellas que encontraron en el bar del Congreso y al hecho de que arramblaron con el bote que contenía las propinas de los camareros. Siempre ha sido igual. Donde cabe lo más, cabe lo menos.