domingo, 27 de febrero de 2011

Estrella invitada

Baltasar Garzón Real va a ser contratado en breve por la OEA, "que cosa más fea", según cantaban Carlos Puebla y sus Tradicionales, juglares de la Revolución cubana como asesor del proceso de paz en Colombia. Al parecer va a ser consejero en materia de derechos humanos, aunque podría sacársele más partido, dada su intervención activa en el 'proceso de paz' que llevó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a negociar con ETA en 2006

Como recordarán, el juez tiene tres causas pendientes ante el Supremo: una por el sumario de las fosas, la segunda por no haberse inhibido en el sumario contra el patrocinador de sus cursos en Nueva York, y una tercera por autorizar escuchas a los procesados del caso Gürtel en sus conversaciones con sus abogados, ignorando lo que al respecto dispone la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En la primera y la tercera no hay problema. Si algo une a las almas bellas y progresistas es la creencia de que el fin justifica los medios y que las buenas intenciones redimen  de todos los errores y trapacerías cometidas en el camino.

El dinero es otra cosa y ese parece el punto más débil de la triple vía judicial que tiene ante sí el super juez. El Gobierno ha tirado por la calle del medio y lo ha nombrado funcionario interino en comisión de servicio exterior. Es un error, por las siguientes dos razones: La primera es que se carga lo que pudiera haber de legítimo en su crítica a Rajoy por admitir como cabeza de lista a un Camps imputado. La vista del proceso a Garzón (como la de Camps) va a hacer que todas las miradas se dirijan hacia sus mandantes. 

La segunda es que han perdido la ocasión (el Gobierno por pagar y Garzón por aceptar) lo que podría ser una espléndida demostración de su inocencia en el caso de los patrocinios indebidos: anunciar la intención del ex magistrado de la Audiencia Nacional de aportar sus saberes al país hermano de Colombia y abrir una lista para la esponsorización de su estancia. Todos los detractores del juez tendrían la ocasión de comprobar que ahora, sin jurisdicción, querido Emilio seguiría aportando donativos con la misma generosidad que en aquella estancia en Nueva York, cuando Balta, tan lejos de su Audiencia y sin embargo tan cerca, recordaba a su corresponsal con causa su jurisdicción: magistrado juez de la A.N.