martes, 18 de enero de 2011

Lecturas para la vuelta


El lehendakari López se encuentra de viaje oficial en el Golfo Pérsico en cumplimiento de una tarea institucional: encabezar una delegación de empresarios vascos en busca de oportunidades de negocio allí donde las hay. Antes de su partida, Patxi López hizo una declaraciones confusas que tuvimos ocasión de glosar en este blog y también en mi columna de El Mundo del pasado sábado.

Con el ánimo de arrimar el hombro intelectualmente hablando, valga la metonimia como un homenaje a la ministra de Sanidad, este modesto blog quiere recopilar algunos artículos de interés que la prensa española y vasca ha publicado durante su ausencia, con el fin de que tenga ocasión de contrastar sus opiniones y quizá de revisarlas, si es que las columnas que le ofrezco pueden dar pie a ello, que yo creo que sí dan. Como dice en la primera de ellas Teo Uriarte,
"no se puede comer con los que apoyan una determinada política que da los resultados precisos y cenar con quien niega validez a uno de los instrumentos más útiles en esa política para que ETA acabe, si no ha acabado ya, para que este finalice".
Luego debería continuar con la columna en El Correo de Florencio Domínguez, en la que describe los esfuerzos de Batasuna para hacernos creer que el papel de ETA dice lo que no dice.

Finalmente, no debería perderse este impecable artículo de José Mª Ruiz Soroa, leerlo dos veces para no perder un matiz, tomar buena nota de que "la democracia ya es completa sin la integración de Batasuna. Ese no es nuestro problema", y subrayar este párrafo:

¿Y si lo pensáramos de otra forma? ¿Por qué no pensar el final del terrorismo como un proceso largo, confuso y sucio, carente de momentos estelares y de comunicados determinantes? Un proceso en el que es el Estado de derecho el protagonista único, y ETA la materia inerte sobre la que caen sus golpes. Un proceso que no busca reintegrar a nadie a la democracia, porque la democracia se siente tan superior como para saber que ya vendrán tarde o temprano. Una democracia que no se siente incompleta ni defectiva porque falten algunos, sino que se siente cualitativamente superior precisamente porque les excluye. En ese proceso no se espera de ETA nada, ni siquiera que asuma su derrota, porque no es ella la protagonista de su final, ni desde luego lo va a escribir ella.