lunes, 17 de enero de 2011

Las varas de medir (espaldas)


Pie de foto.-Manifestación sindical en Murcia. Agresión. Llamar a las cosas por los nombres que nos son.


Les propongo un juego. Las frases que siguen pertenecen a un editorial de El País de la semana pasada, en el que se atribuían responsabilidades sobre el atentado de Tucson: Para el Tea Party todo valía antes de la matanza y, a juzgar por sus reacciones, también después, cuando sus representantes se presentaron como víctimas de una clase dirigente que traiciona las esencias de la nación. (...) Si la reflexión sobre los límites del debate político abierta tras la matanza de Tucson no consigue aislar al Tea Party, puede que la democracia norteamericana no tarde en enfrentarse a uno de sus recurrentes capítulos oscuros.


Hagan un ejercicio de transposición: donde pone "Tea Party", lean "PSOE de Murcia"; donde dice "matanza de Tucson", lean "paliza de Murcia" y donde dice "norteamericana", lean "española". El PSOE ha criticado con dureza al PP por aplicar a la brutal paliza que ha sufrido su consejero murciano, la misma lógica aquí descrita que ha suscrito todo el progresismo español- No es cierto que el PP aproveche cualquier agresión sufrida para manchar la imagen de sus rivales. Recuerden el caso de Fago, donde el candidato a alcalde del PSOE asesinó a tiros de escopeta al alcalde del PP, Miguel Grima. No hubo una sola voz en el PP que atribuyera el crimen al partido rival. Emplearé las mismas palabras que en el comentario del pasado 10 de enero sobre la matanza de Tucson: 
"Hay algunas circunstancias que facilitan hechos como éste. El primero es un ambiente adecuado y las dianas de Sarah Palin para señalar a los partidarios de la reforma Obama a los que había que batir no es un hecho baladí." 
Donde dice "dianas de Sarah Palin", lean "agresiones sindicales en Murcia"

Recuerden el titular del diario Público de ese mismo día: "El crimen (la paliza) aviva el debate sobre la agresividad ultra (izquierdista)". Pero no es solo esto. Resulta muy llamativo que la prensa socialdemócrata contribuya no ya a preparar el ambiente para la creación del ambiente adecuado, sino de colector por el que discurren todas las bajas pasiones en forma de comentarios anónimos. El otro día traíamos algún comentario de lectores de Público tras el accidente de la portavoz parlamentaria del PP.

Lean hoy este de 'El Periódico', que el diario califica de 'El comentario más valorado':

“Condeno rotundamente la violencia, aunque haya que reconocer que con la pinta que tiene, yendo de 'sobrinísimo' y siendo del Partido Privilegios, probablemente sea un sinvergüenza. Una lástima que el Partido Privilegios quiera crear crispación por este lamentable incidente. Espero que se recupere sin problema.”
Qué bocadillo de bajeza entre dos lágrimas socialdemócratas: "Condeno rotundamente la violencia" y "Espero que se recupere sin problema". Que nadie pueda pensar que carezco de buenos sentimientos

Lean estos comentarios de sendos lectores de El País: 
Es saludable que se purgue al sistema de vez en cuando... Esto solo es el principio.
 Vamos a fabricar un martir...y después pegaremos fuego al Reichtag perdon al parlamento, seguidamente cierta prensa dara la culpa a las juventudes de izquierdas ,nacionalistas ó monárquicas. imprimiremos Mein kampf versión Joseph M. Assnar y a desfilar al paso de oca bajo palio...
El País es el mismo diario que pide a Carlos Herrera un artículo sobre la Ley del Tabaco y luego no se lo publican porque no mantenía todas las tesis adecuadas. Aquí tienen al nonato.

Así está el tema. Periódicos que exigen DNI a los lectores para publicar sus 'Cartas al director' dan barra libre a comentarios anónimos como los transcritos, que justifican la paliza. Parece como si considerasen que elpais.com es menos periódico que El País, cuando en realidad, tiene más lectores. Este mismo diario pidió hace unos días un artículo a Carlos Herrera sobre la Ley del Tabaco. No fue publicado. Al parecer, a las opiniones de Herrera sobre el tabaco le pasa lo mismo que al orgasmo de aquel personaje femenino en 'Manhattan', que no era el adecuado.