jueves, 20 de enero de 2011

La lengua de mamá





















La foto corresponde al ensayo general con con todo de la feria de los pinganillos. En la escena, que tuvo lugar el 24 de mayo de 2010, un andaluz de Iznájar habla en el idioma en que peor se expresa para que un servicio de traducción simultánea se lo cuente a un andaluz de Ceuta en el único idioma que los tres hablan bien: hablante, escuchante y traductor (o traductora, claro).

La escena tuvo un precedente en la primavera de 1992. Lugar: el Hotel López de Haro de Bilbao. Evento: uno de los encuentros de Herri Batasuna con el PNV, que, como todos los demás, se quedó en nada. Alineaciones. HB: Jon Idigoras, Floren Aoiz e Iñigo Iruin. PNV: Joseba Egibar, Gorka Agirre y Juan Mª Ollora.

La intendencia no había previsto un sistema de traducción simultánea para que pudieran entenderse con Juan Mª Ollora, que desconocía su lengua propia, asunto que resolvieron con el siguiente procedimiento : los batasunos hablaban un poco en su lengua y paraban para que Joseba Egibar tradujera sus palabras a la lengua extraña, el erdera, con el fin de que pudieran ser comprendidas por Ollora. Mientras éste hablaba en la única lengua que sabía, la extraña, los batasunos miraban al techo, haciéndose los distraídos y esperando a que Egibar tradujera del castellano al euskera con el fin de poder darse por enterados.

Esta anécdota resume muy bien el asunto de los pinganillos. Pocas cosas gustan tanto a los nacionalistas como aparentar que desconocen la lengua extraña, del enemigo, "la lengua de Franco", por decirlo con célebre expresión de Arzalluz. También rara. Las antonomasias con las lenguas relacionen a éstas con sus hablantes más capacitados: Cervantes, Shakespeare, Etxepare, Espriú. Nadie dice: la lengua de Jack el Destripador, de Josu Ternera, de la Dulce Neus. Son cosas que pasan cuando la función es desplazada por el símbolo y la herramienta de comunicación cede paso a la seña de identidad. Por eso, cualquier semialfabetizado en euskera puede pedir la destitución de Jon Juaristi como miembro del Consejo Asesor del Euskera. ¿Para qué sirven los acueductos?



Anasagasti, un suponer, usó ayer el servicio y dijo, supongo que con emoción, que era un honor para él  hablar en la lengua de sus padres y que su nivel de euskera no es muy bueno por culpa del franquismo. Iñaki Anasagasti nació en el exilio venezolano de sus padres. ¿Qué le impedía a su madre educarle en su lengua? No conozco ningún otro caso en que una madre educa a su hijo en una lengua que no es la suya. Con todo, Iñaki volvió del exilio tras la muerte de Franco, hace ya 35 años largos. Si le hubiera dedicado una hora al día a estas horas se llamaría Bernardo Atxaga.