miércoles, 12 de enero de 2011

La acelerada caducidad de las palabras


El Consell de la Joventut de Valencia ha editado una guía cuya portada reproducimos aquí: 'Guía para un lenguaje no heterosexista'. Hasta ahora no había institución que no se hubiera dotado de ese artefacto gramatical para combatir "la invisibilidad de las mujeres". La iniciativa tuvo un éxito discreto que salpicó los comunicados de los partidos, las resoluciones municipales y hasta los boletines oficiales de @, o/a, vascos y vascas, miembros y miembras y que en sus casos más impresionantes llegaron a denuncias insobornables como la de la actual ministra de Sanidad, antes de serlo, sobre algunos conceptos que deberían ser revisados: "El producto interior bruto es masculino, claramente masculino". Un texto del Departamento de Agricultura y Pesca de la Diputación Foral de Bizkaia rezaba: "Se recuerda a todos los Ayuntamientos interesados/as..."

El Departamento de Cultura de la misma institución aprobaba hace diez años un decreto que otorgaba subvenciones “a campeonatos de arrastre de piedra por caballos/yeguas y burros/as”. Se daba la circunstancia que la Universidad del país Vasco había recibido de dicha Diputación el encargo de realizar un informe para un lenguaje n o sexista, lo que dio pie a los redactores para reconvenir suavemente a su mandante: 
“Entendemos que la sensibilidad de las burras poco tiene que ver con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres”.
Bueno, pues ahora los jóvenes del consell quieren un lenguaje no heterosexista. Denuncian que el lenguaje, incluso el políticamente correcto, oculta la realidad lésbica, bisexual y transversal, detrás del término 'gay'.

Vale, no diremos 'homo' o 'gay', diremos 'lgtb', aunque la verdad, es mucho más difícil de pronunciar. Es más, la actitud de invisibilizar a las personas bilesbotrans, ¿merece el calificativo de actitud lgtbfoba? A ver como se dice eso en radio.  Y esto es sólo el principio: "Hay realidades todavía bastante desconocidas, como las personas transgénero e intersexuales que habrá que ir incorporando a nuestro discurso."

Antepongamos al sustantivo 'género' y al calificativo 'sexual' un prefijo con cada una de las preposiciones restantes y nos dará un montón de causas por estrenar. Aunque llegados a este punto, aún quedará la causa de las personas que amaban a los quelonios y las quelonias. O a los peces.

Lo que no saben los jóvenes valencianos es que históricamente, el lesbianismo fue una herramienta para ocultar la visibilidad de una de esas formas alternativas de sexualidad. La isla en la que la ciudadana Leda tuvo sus amores con el cisne, Lesbos, dio su nombre a la sexualidad entre mujeres, perro ya va siendo hora de hacer justicia.