jueves, 13 de enero de 2011

El gran discurso de Obama



El presidente de EEUU hizo ayer en Tucson (Arizona) un gran discurso cinco días después de que un tarado asesinara a media docena de personas y dejara heridas a otras veinte en un mitin de la congresista demócrata Giffords, que resultó gravemente herida. Así lo recoge el corresponsal de El País en Washington:
El discurso de Barack Obama en el funeral de Tucson fue de tal impacto que la única duda que persiste entre los analistas es la de si se trata de uno de los mejores jamás escuchados en la historia o simplemente el mejor de esta presidencia. De lo que no hay duda es de que el país ha recuperado a un Obama que parecía perdido para siempre, y que ayer nació un nuevo tiempo político en Estados Unidos.
El mismo diario incluye hoy un editorial extraordinario cuyo meollo es el siguiente: Fue un loco, sí, pero el Tea Party tiene la culpa. Léanlo y saquen sus propias conclusiones, si les apetece, pero déjenme que les subraye un párrafo:




Cuando Palin recurrió a una expresión como "libelo de sangre" en respuesta a quienes la responsabilizaban directa o indirectamente de lo sucedido en Tucson, no pretendía solo colocarse en el lugar de los judíos perseguidos, sino también identificar a sus adversarios con el nazismo, contra el que cualquier medio parece legitimado.
Ayer habíamos visto en el mismo diario el titular aquí reproducido. Llama la atención porque induce le errónea idea de que la lideresa derechista hizo un discurso antijudío, siendo judía la congresista demócrata Gabrielle Giffords. Abona la idea el subtítulo: "La ex gobernadora de Alaska utiliza para defenderse el término 'libelo de sangre', una frase histórica para arremeter contra los judíos".


Extraordinario. El libelo de sangre era una leyenda infamante contra los judíos, no una frase denigratoria contra ellos. Así las cosas, es natural que el editorial rectifique levísimamente el disparate (hoy ya no recurre al antisemitismo, sino al victimismo: trata de hacerse la judía e identificar a sus adversarios con los nazis). El libelo de sangre no es una novedad nazi, sino un invento cristiano. Aquí lo empleó la Inquisición, que atribuía a los judíos el martirio de Santo Dominguito de Val, por negarse a profanar el crucifijo. Esto es un libelo de sangre.


El 10 de enero pasado comentaba que asuntos como las dianas de Sarah Palin contribuían a crear un mal ambiente. No sabía entonces algo que el país sigue ignorando hoy: que los demócratas usaban también las dianas contra sus rivales republicanos.


El editorial de El País no parece ciertamente inspirado por el discurso de Barack Obama en Tucson, ese que el corresponsal del diario califica de "uno de los mejores jamás escuchados en la historia o simplemente el mejor de esta presidencia", apoyándose en los analistas de Washington. He aquí una muestra, (aunque les recomiendo leer entero el hermoso discurso presidencial) para que comparen textos:
Pero en tiempos en que nuestro discurso ha pasado a ser tan polarizado, tiempos en que estamos demasiado deseosos de echarles la culpa por todos los problemas del mundo a quienes discrepan con nosotros, es importante que hagamos una pausa por un momento y nos aseguremos de estar hablando unos con los otros de una manera conciliadora, mas no hiriente.
La Biblia nos dice que hay maldad en el mundo y que suceden cosas terribles por motivos que no logramos comprender. En las palabras de Job, “cuando esperaba la luz, vino la oscuridad”. Suceden cosas malas, y debemos evitar explicaciones simplistas posteriormente.
Pero lo cierto es que ninguno de nosotros puede saber exactamente qué provocó este ataque despiadado. Ninguno de nosotros puede saber con certeza alguna lo que podría haber evitado que se dispararan esos tiros ni qué merodeaba en lo más recóndito de la mente de un hombre violento.
Pero lo que no podemos hacer es usar esta tragedia como otra ocasión más para atacarnos el uno al otro. Eso no lo podemos hacer. Eso no lo podemos hacer.

En otro orden de cosas, hoy es el cumpleaños del remero de primera Parmenio. Felicidades. Catalina, abra el barril de ron y que sea lo que Dios quiera.