jueves, 27 de enero de 2011

Dudas de ministra



La ministra de Cultura puso de relieve el malestar que había entre su parte alícuota del Gobierno (la cuota parte, que dijo Felipe González con impresionante pleonasmo) y el presidente de la Academia de Cine, Alex de la Iglesia. Una vez puesta sobre la mesa la discrepancia del cineasta con la nueva Ley Sinde y su voluntad de dimitir tras la gala del 25 aniversario de los premios Goya, la ministra mostró una cierta prisa en que la dimisión se manifestara 'antes de'. Alex de la Iglesia twiteó de más, como él mismo reconoce y Sinde también habló de más, al opinar sobre la sucesión del dimisionario, y decir que Iciar Bollaín, la vicepresidenta, era "la sucesora natural", lo que la citada aceptó de buen grado:  "no tendría incoveniente en presidir el organismo" aunque ha dejado claro que "eso no significa que tenga ningún interés en suceder a nadie", para desdecirse después: "si él se va yo me voy con él". Era mucho decir y la ministra había colocado a la Academia en una incómoda tesitura: aceptar que quien paga manda, precipitar la salida del cineasta bilbaíno y sustituirlo por la autora de 'también la lluvia' o ahorrarse esta crisis en víspera de los Goya, mantener a De la Iglesia, obligando a la ministra a su compañía en la gala y elegir al sucesor en una asamblea, como parece más lógico.

Esto no le provoca incomodidad al cineasta: "no me importará sentarme junto a la ministra de Cultura en la gala", pero puede que a la ministra, sí. Más cerca de la convicción de la responsabilidad, la ministra de Cultura ya incumplió sus deberes protocolarios en el Festival de Cine de Valladolid, al desplantar al alcalde de la ciudad por sus consternantes declaraciones sobre Pajín.

Angeles González Sinde señala en el video que el presidente de la Academia "no está de acuerdo con una decisión democrática, con un pacto de Estado suscrito por tres partidos que representan los votos de millones de ciudadanos" como quien dice que no está de acuerdo con la democracia. Y no es lo mismo. Una decisión puede ser tomada con toda la legitimidad democrática del mundo y un señor, o una señora, claro, director de cine o diputado en el Congreso estar en radical desacuerdo sin merma de sus convicciones democráticas. Alex de la Iglesia o cualquier otra persona puede estar contra la Ley que llevará su nombre con toda la legitimidad, pero estará obligado a cumplirla, eso es otro asunto. La ministra, que fue la antecesora de De la Iglesia al frente de la Academia, podía haber dicho que vamos a ver quién paga estas misas. Tal como escribe Luis Martínez hoy en El Mundo:
"La sede la paga el Ministerio de Cultura, los sueldos de los que allí trabajan salen del mismo sitio (gracias a una subvención nominal que el actual director general del Cine, Carlos Cuadros, negoció cuando era director general de la propia Academia) y los fastos de la gala de los Goya corren a cuenta de una partida de 150.000 euros de... en efecto, Cultura. Por si alguien tenía vacíos de memoria, Cultura se lo recordó un día antes. ¿Presión? Eso, o simplemente, sinceridad, sinceridad política."