sábado, 8 de enero de 2011

Dedazos y pucheritos






En estos días en que la aventura equinoccial de Cascos ha venido a entretenernos el estreno del año, los socialistas no han querido permitir que el PP cargue con todo el protagonismo por los ex que vuelven reclamando cargo. No pretendo con esto equiparar a un apacible mediterráneo como Antoni Asunción con ese asturiano de braveza que es Francisco Álvarez Cascos, el Señor me libre.

Tengo un recuerdo amable de Asunción, el director general de Instituciones Penitenciarias que en 1993 fue nombrado ministro del Interior por Felipe González en un súbito rapto de inspiración que le evitó el mayor de los desastres: el nombramiento del entonces director general de la Guardia Civil, Luis Roldán. ¿Qué le hizo cambiar de opinión a González?  Quizá que en el momento de la detención de la cúpula de ETA en Bidart el 29 de marzo de 1992 gritó "bingo", en lugar de "eureka", no lo sé. El caso es que Asunción se convirtió así en uno de los ministros más breves de la democracia española. Unos meses después dimitió tras la fuga del susodicho Luis Roldán, a quien se le había descubierto en el ínterin el melocotonar de Mequinenza y otras graves aliteraciones.

No hay grandes motivos para valorar una gestión que quedó inédita, gracias a la fuga, pero Asunción se convirtió así en el segundo ministro del Interior que paga sus errores con la dimisión. Antes lo había hecho Corcuera, al ser declarada inconstitucional su ley de la patada en al puerta. Ahora les hago un breve resumen de situación. Antoni Asunción se postuló para candidato a la Presidencia de la Generalitat en contra de Jorge Alarte, el secretario general del PSPV aupado por Pajín en contra del alcalde de Morella, Ximo Puig. Presentó los avales requeridos, 3.264, que eran 63 más de los necesarios. La Comisión de Garantías -qué hermoso ejemplo de neolengua orwelliana-anuló 320 y rechazó la candidatura. Asunción recurrió a la Justicia ordinaria, un arrebato moral ante una bifurcación imposible: la reclamación ante los órganos de un partido cuyo patrón de conducta política es el Ayuntamiento de Benidorm sería inútil. La Justicia ordinaria también lo es; para cuando haya fallo le será tan útil como su absolución a Demetrio Madrid.

Antoni Asunción está a punto de ser expulsado del PSPV por acusar al partido de 'pucherazo'. De manera preventiva, según explican a 'El Mundo' dos portavoces de Alarte:
La dirección ha decidido "volar por los aires una operación diseñada por el PP para presentar a un mes de las elecciones la incorporación del ex ministro al proyecto de Camps, con la intención de dividir al electorado socialista".
Con un par. Toda lógica parece indicar que si tal operación existiera habría sido impulsada por la expulsión de Asunción, que lo convierte en un mártir de la libertad para sus adeptos. Supongamos las otras dos opciones:

a)  El aparato le permite competir contra Alarte y pierde. La 'Operación Asunción' del PP sería un fracaso. ¿Qué credibilidad iba a tener alguien que ha perdido las primarias y acto seguido se pasa a las filas adversarias?

b) El aparato le permite competir y gana a Alarte. Sería verdaderamente insólito que el candidato a la Generalitat del PSPV se pasara al PP al comienzo de la campaña electoral, pongamos por caso.

Lo peor es que nos traten como a imbéciles con explicaciones semejantes, aunque tal vez no se trate de eso y estemos ante las mejores explicaciones que es capaz de ofrecer esta tropa, un efecto inexorable de la selección de lo peor: Pajín es una dirigente seleccionada por el ojo infalible del Gran Head Hunter José Luis. Alarte es la expresión de la excelencia según el criterio de Pajín. No pregunten por los hombres de confianza de Alarte. ¿Qué iban a decir, los pobres?