miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una magdalena para desayunar






En el chismorreo que Wikileaks va destilando gota a gota, como su propio nombre indica, hoy le ha tocado el turno a Rubalcaba. En 2007, el entonces ministro del Interior y hoy vicetodo, se lamentaba ante Eduardo Aguirre embajador de EEUU en Madrid durante una parte del mandato de Bush, de no haber excarcelado a Iñaki de Juana dos años antes.

Probablemente tenía razón. Quiero decir que aquellos dos famosos artículos en Gara que le valieron dos años más de cárcel, eran en mi opinión, otras tantas amenazas ciertas. Exageraciones, quizá metáforas, pero para tomarlas como tales habría que contrastarlas con la ejecutoria del sujeto: veinticinco asesinatos a su espalda. Todo el mundo sabe que la voracidad verbal del amante ("Te comería viva") no debe interpretarse igual que la misma expresión en boca de Aníbal Lecter.

Pero seguramente habría sido menos perjudicial para el Estado de Derecho y para nuestro sentido del ridículo que las innumerables humillaciones a que el recluso De Juana Chaos sometió al Gobierno y a la Fiscalía.

Recuerden los criterios de ésta en pleno rebozado de las togas en el polvo del camino. Pasaron de pedir 96 años de reclusión por las amenazas del terrorista a dejarlos en seis. Recuerden la trapacería intelectual con que el mismo Rubalcaba presentó el asunto:  lo hemos hecho por razones legales y humanitarias. Con razones legales no quería decir 'por imperativo legal', como daba a entender, sino porque la ley lo permite. El presidente del Gobierno dijo el 27 de octubre de 2006 que "Iñaki de Juana era un preso a favor del proceso (de paz)." Tres semanas antes el preso había puesto fin a su primera huelga de hambre de los 62 días. En un quid pro quo, la Fiscalía rebajó su petición en los términos indicados.

La vida de Iñaki de Juana no estuvo nunca en peligro, ni su huelga de hambre, aliviada con sandwiches de jamón york, fue tal. Aquellas fotos encogiendo estómago para pasar por paria hindú. Una comparación: Iñaki de Juana tenía 51 años y superó con  aspecto muy lustroso  62 días de presunta huelga de hambre. No sólo eso. Los policías que lo custodiaban en el hospital contaban que el huelguista practicaba el sexo con su novia en la ducha y de pie.

El militante del IRA Bobby Sands, que llevó su negativa a ingerir alimentos hasta la muerte en 1991, tenía 27 años y era deportista. Murió a los 66 días de huelga, ciego por completo y sin poder sostenerse sobre sus pies.

A ETA, por otra parte, le importaba un comino lo que hiciera Iñaki de Juana, que estaba fuera de la disciplina de la banda. Era un reto personal, no de la banda terrorista, lo cual no quiere decir que una eventual y muy improbable muerte de De Juana en huelga de hambre no hubiera sido aprovechada para hacer agitación.


Tenía razón el vice. Cuánto ridículo nos habrían ahorrado con una sola trampa. Por eso uno es partidario de que no se encuentre nunca al prófugo De Juana y que no nos lo entreguen. Ya hemos pasado bastante apuro.