viernes, 3 de diciembre de 2010



Novia a la fuga


No hay título en este mundo que hayan tenido tantas mujeres como el de Novia de América desde que algún periodista con recursos se lo encasquetó a Mary Pickford. La sucedieron actrices del cine mudo y del sonoro, starlettes, modelos y hasta un dibujo animado: Jean Harlow, Betty Boop, Libertad Lamarque, Pamela Anderson, Cindy Crawford, Sandra Bullock y nuestra heroína de hoy, Julia Roberts. Hay que decir a favor de esta última que, de todas sus competidoras, es la que con más ahínco se ha trabajado el título.

Ninguna actriz de Hollywood, desde Grace Kelly, había perseverado tanto en el compromiso entre el arte y la vida; nadie había puesto tanto empeño en llevarse trabajo a casa con su partenaire cinematográfico. En su primera película, Satisfaction, se lió con Liam Neeson; en la segunda, no, porque la otra protagonista era mujer; en la tercera, el galán era su hermano Eric; en la cuarta, Magnolias de acero, con Dylan McDermott y así sucesivamente. Sus biógrafos explican que a los tres años sufrió el divorcio de sus padres y que en esos casos ya se sabe.

Al llegar a la sexta, Línea mortal, se enamoró de Kiefer Sutherland con el que iba a casarse el 14 de junio de 1991. Tres días antes, la representante de la actriz llamó al novio para decirle que de lo dicho nada, sin darle una explicación personal, qué menos. Al parecer, la causa es que un mes antes, una amante de Sutherland llamada Amanda Rice explicó al periódico National Enquirer su relación detallada con el entonces novio de Julia. La tercera en discordia (por poner un número) contó que Julia Roberts era una insegura, fría como un pez en la cama y descontenta con su propio cuerpo.

Más pelos y señales de lo tolerable, incluso en un corral de cuernos como Hollywood, así que la estrella pasó la noche de bodas en casa de Jason Patrick, un amigo de Sutherland con quien se fue de viaje de novios a Irlanda al día siguiente. La cosa no duró mucho y fue seguida por un noviazgo con Daniel Day Lewis y otro con Lyle Lovett, con quien coincidió en El juego de Hollywood. Éste terminó en boda en junio de 1993, aunque fue breve: apenas 21 meses.

Tras sendas relaciones con Matthew Perry, Pat Manocchia y Benjamin Bratt, con quien estuvo a punto de firmar por segunda vez, conoció a Danny Moder, un ayudante de cámara (no confundir con valet de chambre) durante el rodaje de La mexicana. Se casaron el día de la fiesta nacional de los Estados Unidos, el 4 de julio de 2002 y ya llevan cinco años felizmente casados para admiración de propios y extraños. Un año más tarde la dejó embarazada de gemelos, una parejita, y este mismo verano tenía a su tercer hijo, un niño que pesó al nacer 3,800 kilos. Mano de santo. Ha sido un broche de oro para una novia, si no de América, sí de una parte importante de ella. La novia fugitiva ha sentado la cabeza. De todas las actrices consideradas la Novia de América, Roberts ha sido la que con más ahínco ha trabajado el título.

A los 3 años sufrió el divorcio de sus padres y, en esos casos, ya se sabe.