jueves, 9 de diciembre de 2010

Los cojones de Pajín






Se duele Hermann Tertsch en su columna de hoy en ABC por no haber podido titularla como este post. Era lo suyo, una hermosa aliteración envuelta en lo que tal vez sea un oxímoron. Los cojones de Pajín, gran eufonía, pero a HT le ha dado pudor, quizá por la venerable e imponente cabecera centenaria de ABC (más aliteración). Lo comprendo muy bien. A mí mismo, hace un rato, me ha dado cierto apuro citar su columna en horario infantil.

Lo que en realidad dijo la ministra de Sanidad e Igualdad en una comida con parlamentarios y ante una pregunta, poco delicada de un asistente, sobre la capacidad de su amiga, Nuria Espí, para el cargo de Delegada del Gobierno en el Plan Nacional contra la Droga (hace falta ser funcionaria A o B), Pajín dijo:
"Sólo faltaría que la ministra no pueda nombrar a quien le salga de los cojones".
Ah, ese cargo que Felipe González confió a las manos avezadas y prudentes de Baltasar Garzón Real. Tanta campaña contra el lenguaje sexista y ahora resulta que va y lo de la igualdad era esto, entrar a los urinarios de los tíos y mear de pie. Es de suponer que por un principio de estricta reciprocidad, sus homólogos masculinos puedan emplear frases del tipo: "No tengo el coño para ruidos".

¿Padece la ministra disforia de género? No lo sabemos, pero a mí me parece que su reivindicación es un paso natural en la extensión de derechos después de aprobarse la Ley Reguladora de la Rectificación Registral de la Mención Relativa al Sexo de las Personas. Nada impide que una señora, pongamos por caso, dotada por la naturaleza de las características sexuales primarias y secundarias que, al menos en el Antiguo Régimen, correspondían al sexo femenino, se presente en el Registro y diga: "Vivo prisionero en un cuerpo equivocado. Mi género es el masculino y quiero llamarme Ramón."

Ahora ya no está tan claro que el Producto Interior Bruto sea naturalmente masculino, como dijo la ninfa este verano. Pues menudos cojones tiene la ministra. 

Addenda:

En 1968, un vecino de Portugalete fue multado por aparcar en lugar reservado para el Ambulatorio y decirle al agente denunciante que "El alcalde pone los discos donde le sale de los cojones". Camilo José Cela tuvo conocimiento del caso y escribió al denunciado ciudadano para decirle:
"En el tomo I -y único hasta ahora- de mi Diccionario Secreto, que me tomo la libertad de enviarle, no quedan claramente establecidas las concomitancias e interrelaciones que pudiera haber entre los semáforos municipales y los cojones, que Dios conserve, de las autoridades locales. Se que usted tiene, amén de una multa, bien merecida por su disolvente idea de suponer que el emplazamiento de las señales luminosas está en función del capricho de determinadas glándulas de secreción interna del alcalde,  un oficio que es una verdadera perla para mí y para mi erudito propósito, que podrá ver en el libro que le va de camino.
¿Por qué no me regala ese papel? (...) Nadie, desde los orígenes del castellano, ha tratado a los cojones con mayor aplicación y mimo (filológicos) que yo y nadie habrá de conservar ese papel que le pido con mayor cautela etc. etc. Considere amigo y admirador (¡olé tus cojones!) a su muy afectísimo Camilo José Cela."