domingo, 12 de diciembre de 2010

Las causas de las cosas




El diario El Mundo lleva hoy a su portada un testimonio. No tengo el más mínimo reparo que oponer al dolor subjetivo e intransferible que ha perdido súbitamente en la misma persona a un padre y al abuelo de su hijo. Nada hay tan humano como ello. Pero la comprensión del dolor no es ni debe ser el único motor de la justicia. El sufrimiento humano merece comprensión y respeto, pero sólo debemos hacer nuestras todas sus razones en determinadas circunstancias.

No es suficiente que un suceso se produzca a continuación de otro para establecer que el segundo es consecuencia del primero; mucho menos para establecer que el desencadenante del primero tiene la culpa del segundo. Los hechos no dan tanto de sí: Un hombre de 57 años, viudo, volvía de pasar unas vacaciones en Cuba con su cuadrilla de amigos. A las 19:40 horas, llama a su hija. No sabe lo que pasa y se encuentra agobiado. Media hora después ha muerto. Cuenta la hija que "mi padre jamás había tenido un problema del corazón. No tomaba alcohol. Había dejado de fumar", extremos todos ellos sobre cuya veracidad no me cabe duda, pero perfectamente compatibles con una tensión arterial muy alta, diabetes, colesterol y estas enfermedades de la vida moderna que, sin dar síntomas previos, disparan el riesgo de accidentes cardiovasculares.

Murió solo, se recalca hasta tres o cuatro veces, "sin su familia", se dice en el titular, pero a falta de conocer los datos de la autopsia, si la hubo, un infarto agudo pudo haberlo sufrido por uno de los retrasos que son habituales en Iberia, sin que el personal de la compañía se digne transmitir información o disculpa alguna a los pasajeros afectados. Un infarto tan fulminante pudo haberle sorprendido en cualquier otra circunstancia y haber acabado con su vida sin su familia cerca. Solo, no es la expresión que refleje la multitud de gente que, en las mismas circunstancias de Miguel, había en Barajas el 3 de diciembre. No conocemos todos los extremos del caso, pero si a la víctima de este desdichado asunto, le hubiese dado tiempo a pedir ayuda, no es improbable que se le hubieran podido practicar unos primeros auxilios in situ. Desde hace año y medio, el aeropuerto de Madrid-Barajas cuenta con 65 puntos de rescate dotados de desfibrilador.

El comportamiento infame e irresponsable de los controladores no puede convertirles en el chivo expiatorio de los males nacionales. La Justicia tratará el asunto con el sosiego suficiente, establecerá su responsabilidad y las indemnizaciones que, en su caso deban percibir las víctimas. Hará bien la hija de Miguel al demandar, pero hay algo preocupante es esta conversión de un colectivo en el único causante de todos los males.

Hay razones muy fundadas que sostienen la inconstitucionalidad de la militarización (artículo 117.5 de la Constitución, ¿qué quiere decir estrictamente, salvo en estado de sitio?). En el Congreso, todos los grupos la dieron por buena salvo Llamazares y Rosa Díez. ¿Qué pasará si los tribunales declaran inconstitucionales los decretos y los controladores se libran de toda responsabilidad?