martes, 9 de noviembre de 2010

Una sola víctima


Muchas veces, los análisis macro no permiten hacer consideraciones micro. Procedamos. La mujer de la fotografía se llama Laura Martín y es la viuda de Juan Carlos García Goena, un objetor que se fue a Francia para huir del servicio militar y fue confundido por los GAL con alguno de los terroristas de ETA que vivían en lo que en aquella época se llamaba 'el santuario francés'. Fue asesinado el 24 de julio de 1987, hace 23 años.

Recuerdo su foto de entonces. A lo largo de estas dos décadas largas se le ha ido depositando el sufrimiento sobre los rasgos faciales, en cada surco, en cada arruga, en las bolsas de los ojos. No ha parado en todo este tiempo de reivindicar la memoria de su marido y de reclamar justicia.  A la hora de valorar las declaraciones del ex presidente González deberíamos fijarnos en esta mujer. La sociedad española ha pasado la página de los GAL. No sabe y no quiere saber. En este asunto, la ministra de Sanidad, Leire Pajín es quien mejor encarna la desmemoria colectiva: "entonces yo era prácticamente pequeñita" (a punto de cumplir 21 años en la fecha del asesinato). Laura Martín tiene dos hijas: la mayor era muy pequeña cuando asesinaron a su padre. La segunda es póstuma. Tal como dice su madre, las dos se han enterado de lo que pasó, pero esto es justamente lo que separa a las víctimas del resto de la sociedad: ellas sí  quieren una explicación sobre lo que ya saben, una cierta catarsis.

Por eso, tras lo que González llama 'dilemas morales' lo que aquí falta clamorosamente es sentido de la responsabilidad y sobra la mojigatería de acogerse al pararrayos de las buenas intenciones. Ah, la perplejidad que produce esta tropa ubicua, que al mismo tiempo que come placenteramente con Josu Ternera ("Ser uno con la vaca", decía Oscar Ladoire en 'Opera prima') se sigue preguntando si hizo bien al no ordenar el asesinato de la cúpula terrorista hace veinte años, en un planteamiento que no soporta un análisis lógico: dos años después de tener esa ocasión, la misma cúpula terrorista, el colectivo Artapalo, fue detenida en una operación inmaculada desde el punto de vista democrático. Bastarían esta consideración y la posibilidad de que la información sobre la reunión hubiera sido proporcionada por el mismo que señaló a García Goena como militante etarra, para que comprenda que tal vez fue el único error que no cometió.

Pero basta mirar la foto, sin más. Alguien le debe a esta mujer una explicación.