domingo, 7 de noviembre de 2010

Un tema propio



De todos los periódicos españoles de información general, El País es el único que hoy no abre su portada con la visita del Papa a España. Publica, en su lugar, un asunto de producción propia, una entrevista de Juan José Millás con Felipe González. Portada y nueve páginas, más que el espacio dedicado a la entrevista de la semana anterior con el jefe de la Oposición: portada y cinco páginas. Es verdad que la entrevista de Rajoy, en compensación, llevaba editorial, además de estar hecha por un entrevistador impecable e implacable, el director del diario, nada complaciente con las respuestas difusas o con las contradicciones del entrevistado. De ello guardará memoria Rajoy, pero también Zapatero por aquella que le hizo tras la voladura de Barajas.

En otro estilo, Juan José Millás es también otro gran entrevistador. Nunca pone en aprietos a sus entrevistados, aunque éstos siempre acaban confiándole cosas que él no comenta, pero luego dan mucho juego a la peña. Son clásicos las dos entrevistas que hizo a  Zapatero, en las que aprendimos cuáles eran los criterios de selección del presidente del Gobierno para sus equipos: "Muchas noches le digo a mi mujer: 'no sabes, Sonsoles, la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar'". También fue Millás quien nos acercó a esos recuerdos tan improbables de su niñez y a esa particular concepción de la lucha de clases como motor de la historia:

–Mi hermano era del PC, y muy activo, y mi padre había colaborado con el PC en la clandestinidad. Recuerdo que en mi casa había una multicopista de esas. ¿Cómo se llamaban?
–¿Vietnamitas?
–Eso es, una vietnamita. [En 1970, cuando Zapatero cumplió 10 años, el PCE editaba Mundo Obrero en imprenta] Pero mi padre ya votó al PSOE en el 77. Marx es un extraordinario pensador y un excelente analista del capitalismo. Pero le falta reflexión sobre la democracia. El monopolio económico produce efectos negativos. El origen de la izquierda se encuentra en los valores de la Revolución Francesa, que es una revolución ciudadana porque se enfrenta a quienes en esos momentos monopolizan el poder: la nobleza y el campesinado.
Millás le da por bueno todo y en La Moncloa no había nadie, al parecer, que considerase conveniente usar la prerrogativa presidencial de leer la entrevista antes de su publicación, siquiera fuese para advertirle: "presidente: el campesinado es lo de los chinos. Los terratenientes son otra cosa".

Fue también Millás quien entrevistó a Mª Teresa Fernández de la Vega y proporcionó la pista que nos llevó a algunos a investigar un poco más y descubrir que el padre de la entonces vicepresidenta, represaliado por el franquismo, era delegado de Trabajo en Zaragoza, a propuesta de José A. Girón de Velasco entre 1955 y 1963.

Es un acierto, en cambio, que no fuera él el entrevistador de Rajoy y lo hiciese alguien más ecuánime, como Javier Moreno. A Millás le pueden los apriorismos, un cierto maniqueísmo y los calificativos: "la España satinada, sutil, sedosa, limpia y optimista, contra la España casposa, cutre, maloliente, meapilas, inculta, tétrica, antigua y funeraria que representa este individuo (Rajoy)".

La entrevista de hoy también ofrece motivos para la reflexión en las confidencias de Felipe González. Vaya por delante que yo siempre me consideré un felipista melancólico. Admiraba su manera de estar en política, incluso cuando no le votaba. Un suponer: al enterarme de que el presidente Zapatero no iba a recibir al Papa y que su delegado para el asunto se creía obligado a explicar que él no era creyente pero que iba a ir a la misa por obligación, recordé la cláusula que los batasunos empleaban para jurar o prometer como parlamentarios: "por imperativo legal". En 'El bueno, el feo y el malo', Tuco (Eli Wallach) se está bañando cuando entra un enemigo revolver en mano que empieza a describir lo que va a hacer con él y por qué. De la espuma que cubre al amenazado salen dos disparos. Tuco da un último consejo, ya inútil, al caído: "Cuando se dispara no se dice nada".

También recordé una imagen que el viernes pasado cumplía 28 años y contribuyó no poco a mi felipismo melancólico: el 4 de noviembre ETA había asesinado al general Víctor Lago Román. No habían pasado dos años desde el 23-F, una semana antes, la víspera del 28-O, se había desactivado una intentona golpista de los hermanos Crespo Cruspinera y los terroristas reciben el primer triunfo electoral de la izquierda con el asesinato del jefe de la Brunete. Felipe no había sido investido todavía, pero fue a la misa funeral sin dar explicaciones sobre sus creencias. Y allí estaba él entre todos los militares armados, solo y erguido, con su abriguito loden azul, según recuerdo. Y pensé: "Este es un hombre que sabe componer la figura adecuada en el momento adecuado". Tenía razón Tuco: cuando se dispara no se dice nada.

El titular de hoy es una confesión extraordinaria de FG: "Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto". Vale que nos exponga el dilema moral con cláusula de salvaguarda, aunque la expresión tiene algunos reparos. ¿Lo contaría si su respuesta hubiera sido 'Sí'? 

Ahora, saquemos conclusiones. Los Gal asesinaron a 27 terroristas, errores como García Goena incluídos. ¿En ninguna de esas 27 ocasiones se le consultó lo mismo que según confiesa, se le consultó entonces? Puede que al jefe solo se le consulten las grandes operaciones y que el menudeo se haga de oficio, pero hay un problema lógico:si el gobernante examina la posiblidad de acabar con un problema grave mediante un asesinato múltiple de la dirección etarra, pero no lo hace por razones morales, ¿cómo es posible que no vetara asesinatos individuales de terroristas? Había una doble razón: la menor eficacia de la cacería al por menor y, por consiguiente, un mayor escrúpulo moral.

Impresiona que "A Segundo Marey lo salva una orden de Barrionuevo"..."cuando se entera de que está detenido", dice. No estaba detenido, sino secuestrado, aunque fuesen servidores del Estado los delincuentes. O sea, que Barrionuevo no era el responsable del secuestro, sino de la libertad del secuestrado, sobre quien, por cierto deja caer una infamia: "nadie ha estudiado, ni va a estudiar por el momento, ni yo lo pido, qué era o que significaba Marey en la cooperativa de Bidart..." [A la insidia se le suma aquí la desmemoria del abuelo Cebolleta. ¿Qué era la cooperativa de Bidart? En Bidart fue donde se detuvo al la cúpula de ETA en marzo del 92, pero no había ninguna cooperativa relevante allí. Donde había una cooperativa de ETA era en Sokoa] O sea, que en fondo no estaba tan mal detenido o secuestrado o lo que fuera.

Portentosa la inversión de valores en el asunto de los fondos reservados, que "por definición son reservados y aquí se abrió un debate ridículo..." Razonable tautología que descansa  sobre la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en la creencia en que los elegidos no van a usar el ámbito de la discrecionalidad para fines distintos de los que se les encomendaron. Cuando empieza a haber evidencias de que los responsables han metido las manos en la caja, se rompe la confianza, la reserva y la baraja.


Con todo, lo que más me ha impresionado a mí es la confidencia personal. Este hombre no llevó jamás al cine a ninguno de sus tres hijos, no ha visto el palmoteo gozoso de sus niños al ver su primera película en una pantalla grande. Tampoco ha ido él. He pensado esta mañana que él no se enamoró de Jill Clayburgh al filo de los 80, cuando la vimos y la admiramos tantos en 'Una mujer descasada'. Vean el vídeo en su memoria. Al pensar en ello he recordado mi felipismo melancólico, curado del sustantivo hace ya tiempo, pero no del calificativo y he sentido algo parecido a la piedad por este pobre hombre.