jueves, 18 de noviembre de 2010

Trinidad, perdida en sus desiertos


Puesta a comprarse un desierto para perderse en él, la ministra de Exteriores ha empezado por el Sáhara. Mira que para hacer submarinismo, todo el mundo empieza haciendo prácticas en una piscina. Ella podía haber hecho un cursillo en el desierto de Almería. Y si dura fue la jornada del martes en el Senado, rematada por la entrevista de Ramírez en Veo 7, ayer su comparecencia en el Congreso fue la puntilla de una semana horribilis, para la ministra, en primer lugar y para el Gobierno por extensión.

La rueda de Prensa de Rubalcaba ya había puesto en evidencia la extrema debilidad del Gobierno en este asunto. Nunca se había visto al portavoz afrontar una rueda de prensa con menos ganas, tan abanto. 

La contribución del Gobierno a la transparencia sobre la represión en el Sáhara es organizar un viaje de periodistas sobre los que Marruecos tiene derecho de veto, así como sobre sus medios.

La ministra tuvo un pasado saharui, como todo el mundo. No fue en sus años universitarios, no hace falta remontarse a lo de Felipe González en 1976, sino en vísperas de que su partido accediera al Gobierno en 2003. Entonces exigía al todavía presidente Aznar que defendiera la causa saharaui. La cuestión no es tampoco que haya cambiado de opinión. Haría falta una cierta cualidad vegetal para no haber evolucionado y cambiado de ideas en los últimos 30 años y sé de lo que hablo. El problema es que sus cambios no son el producto de una evolución intelectual, de haberse encontrado con una idea capaz de explicar el mundo o una parte de él con más solvencia que la anterior y sustituir la primera con la segunda. Se trata simplemente de satisfacer necesidades coyunturales. Por eso estamos ahora con Marruecos, al tiempo que seguimos defendiendo -coherentemente, faltaría más- la autodeterminación de los saharauis.


Cambian sin cambiar en ellos. Se trata de que el recuerdo de su hemeroteca no les distraiga de sus necesidades de presente, amén. ¿Y las de futuro? Intelectualmente, viven al día. Como dijo Scarlett O'Hara: "Mañana será otro día". Ikewana, el mago del Photoshop, nos adelanta en rigurosa exclusiva el cartel de la película.