martes, 2 de noviembre de 2010

Manosear el género





Una vez condenado moralmente el tal León de la Riva por una zafiedad sin paliativos acerca de la ministra de Sanidad, convendría que todos los condenantes, encabezados por los voluntarios a brigadier Chaperón, nos hiciésemos el propósito de no incurrir, aun sin necesidad de apuntarnos a esa sinécdoque de la que hablaba Arcadi Espada, de considerar que una ofensa a Pajín es una ofensa a todas las mujeres.

El asunto es interesante y su discurrir en las páginas de los periódicos ya va proporcionado alguna pauta para interpretar correctamente este fenómeno y poner en pie el primer postulado sobre la Afrenta Universal de Género (AUG). Así, una ofensa que tenga como destinataria a una mujer sólo será considerada Afrenta Universal de Género si el ofensor fuera: 
a) varón
b) de derechas
Si fallara uno de los dos supuestos se considerará un asunto particular. Así lo consideraba Leire Pajín cunado le transmiten una pregunta del Gran Wyoming: "¿Pajín quiere decir 'masturbito?" Bien oiréis lo que dirá:
"Wyoming es amigo y se lo perdono".
Así debía de considerarlo Pilar Rahola, ofendida en lo más íntimo de su hembrismo por la torpe especulación del tal León de la Riva, pero que dedicó una de sus charlas vespertinas con Julia Otero a ponderar el "culito" de Mourinho.

También es necesario que la ofendida sea de izquierdas, habida cuenta de que las mujeres progresistas tienen la sensibilidad suficiente para percibir la AUG. Las de derechas no deben sentirse ofendidas, ni siquiera cuando les toca a ellas. Así por ejemplo, el diario El País, que ha dedicado honores editoriales a la censura del alcalde de Valladolid, admitió en su última página aquella obscena fantasía  de Almudena Grandes sobre la violación de una monja, la madre Maravillas, a manos de "milicianos jóvenes, armados y -mmmm-, sudorosos", tomando por abyección sumisa unas palabras de San Juan de la Cruz repetidas por la violanda.

Ayer, la corresponsal del diario de PRISA en EEUU, Yolanda Monge, incurría, comparando a las mujeres del Tea Party por su aspecto con la felatriz más famosa de la política planetaria, que diría la señora Pajín. Podría haber establecido al menos un par de diferencias: la edad y la mirada de inteligencia de la becaria.


Ayer, dos hembristas cualificadas, aunque de ámbito autonómico, publicaban en El Correo un dizque artículo contra Arturo Pérez Reverte, que llamaba la atención ya desde el desdichado título: "Pérez Reverte es la pesadilla, el patriarcado es el problema". La yuxtaposición trata de remitir a una cierta relación causal extravagante. Si hubiesen titulado, un suponer: "Pérez Reverte es el síntoma, el patriarcado es la enfermedad", tendría un pasar, pero un título como ese no es sostenible, y pido perdón de antemano, porque el concepto de la sostenibilidad en perspectiva de género, podría parecer enaltecimiento de la falocracia.


Al leer la primera oración, ya se puede hacer el lector idea caba de lo que va a encontrar a continuación: "Arturo Pérez Reverte es un cáncer para la sociedad..." Desistí ayer de la deconstrucción del artículo. Desmontarlo tontería a tontería exigiría un espacio cuatro o cinco veces superior al texto. Demasiada salsa para tan magra perdiz. Algo parecido le ha debido de pasar a José Mª Ruiz Soroa que se ha centrado en un aspecto: La interiorización que el hembrismo militante hace de los valores machistas, al intentar denigrar a Pérez Reverte con el diminutivo de 'hombrecillo'.