viernes, 26 de noviembre de 2010



La amante del amor


Fue en 1960, durante el rodaje de Esplendor en la yerba, que fue a reunir a la pareja más promiscua de la década. Kazan supo interpretar el brillo de sus ojos: «Sabía que tenía apetitos no satisfechos». Nadie lo habría dicho de aquella muchacha tan menuda y joven (medía 1,55 y tenía sólo 21 años), aunque para entonces llevaba tres años casada con Robert Wagner (y con su psiquiatra), y había tenido algunos amantes notables: Dennis Hopper, Elvis Presley, Robert Vaughn, Raymond Burr y Nicholas Ray, entre otros. Con Warren Beatty le pasó lo que a casi todas, que su rapidez lo hacía inaprensible: cuando ella acabó los trámites de su divorcio en 1962, él ya estaba liado con Julie Christie.

Ella inició una serie de relaciones y compromisos matrimoniales de caducidad no superior a los seis meses: Steve McQueen, Arthur Loew, Ladislav Vlatnik, Stuart Whitman, Tom Courtenay y Frank Sinatra. Sus depresiones se alivian cuando conoce en 1967 a Richard Gregson, con quien se casa dos años más tarde. En 1970 tiene una hija y todo parece encarrilarse cuando descubre que su marido le ha sido infiel, lo que la lleva nuevamente al paro de búsqueda y a la dependencia de su psiquiatra. Después de una relación breve con un político, se reencuentra con Robert Wagner, que ha conseguido triunfar en la televisión gracias a la serie Ladrón sin destino.

Vuelven a casarse, tienen una hija y se compran un barco de 20 metros de eslora, al que bautizan como «Splendor»; él tiene otro éxito televisivo con Hart to Hart y Natalie interpreta a finales de los 70 Bob y Carol y Ted y Alice. En 1981, mientras acababa el rodaje de Brainstorm invitó al protagonista, Chistopher Walken, a pasar en su casa el día de Acción de Gracias. Tras la fiesta se embarcan en el «Splendor» y se dirigen a Isla Catalina, a 20 millas de Los Angeles. Wagner, que conocía el paño y no estaba dispuesto a volver a pasar por otro trance como el anterior, les cita a los dos a cenar. Los tres bebieron mucho y empezaron a discutir. Aquella noche, ya en el barco, Natalie se retiró a su camarote mientras los dos hombres seguían bebiendo y voceando. Unas horas más tarde, el servicio de Guardacostas recupera el cadáver de Natalie Wood de las aguas del Pacífico.

Nunca se supo qué ocurrió. A su entierro acudió todo Hollywood y su viudo lloró profusamente. Ni él ni Christopher Walken han hablado nunca de aquella noche, salvo a la Policía, que cerró el caso por falta de evidencias. Tenía 43 años y dejaba tras de sí una vida que parecía inspirada en la película de Kazan. Su desorden mental, la presencia metafórica y premonitoria del agua —sexo, peligro y muerte—, estaban ya en su personaje, Deanie Loomis, y en la soberbia historia de Esplendor en la yerba.