miércoles, 10 de noviembre de 2010

Editorial







De entre todos los editoriales que alcancé a leer ayer en los periódicos del día sobre las llamativas declaraciones de Felipe González a Juan José Millás, el de El País tenía una singularidad: era el único que invertía la carga de la noticia. No se preguntaba qué había podido llevar al ex presidente del Gobierno a exhumar, sin provocación previa, un asunto que la Justicia había juzgado y la vida política española había dado por zanjada, sino por las preguntas que la oposición ha planteado sobre aquellas declaraciones.

Vayamos por partes, que diría Jack the Ripper. Es cierto de Felipe González no se autoinculpa en ningún momento de haber practicado el terrorismo de Estado. Sólo dice que en cierta ocasión le presentaron un plan para asesinar a la cúpula de ETA en Francia, que él rechazó la idea y que esa negativa es un debate moral que le acompaña aún hoy. Tuvo la posibilidad y no quiso. Es lógico preguntarle, ya que es él quien saca el tema, si a lo largo de sus 14 años en La Moncloa se le presentaron más planes parecidos y qué respondió a cada uno de ellos.

Coincide en el tiempo esta entrevista con la presentación de las Memorias de George W. Bush y la no menos sorprendente revelación de que él era muy reacio a la guerra de Irak. Al parecer, le obligaron. Esta estupidez, no es con todo, lo más extraordinario de su descargo, sino que ambos líderes planetarios compartían el mismo debate moral. Bush accedió a la tortura y justifica su empleo en la lucha contra el terrorismo porque "ayudó a salvar vidas". González no accedió, pero veinte años después aún se pregunta si hizo lo correcto, por "cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años". El mismo debate moral, la misma idea subyacente de que el fin justifica los medios (Bush) o puede justificarlos (FG).


Hay varias curiosidades en el editorial de ayer. La primera en el título: "Agitar viejos fantasmas". Esta actitud de agitar fantasmas es muy propia de la derecha, según el diario de PRISA. El 24 de mayo de 2003, jornada de reflexión de las elecciones municipales, el titular de apertura decía:
"Zapatero pide el voto para el cambio y Aznar agita los fantasmas del pasado"
Así pues, nada más natural que el título del editorial. Lo único que despista es el calificativo 'viejos'. Los veinte años transcurridos desde que a FG le asaltó la duda, sería una edad muy provecta para un perro, es un estadio juvenil para cualquier persona y debe de ser la edad de la lactancia para un fantasma. Pero es sorprendente, comparativamente hablando, que se tache de viejos a los fantasmas de veinte años en el diario que más veces ha exhumado los fantasmas de nuestra guerra civil que tienen medio siglo más de existencia.

Luego está este sorprendente párrafo:

Como establecieron los tribunales en su día, personas integradas en el aparato del Estado fueron responsables de crímenes por los que fueron condenadas. Pero eso no quiere decir que el Estado como tal, en su cadena de mando institucional, tuviera que ver con los crímenes. [Puede, si esas personas fueran una secretaria de la presidencia, un policía, un guardia civil, un sargento de Marina o cualquier funcionario. Pero, ¿cómo podría no afectar al Estado si el Tribunal Supremo condenó a un ministro del Gobierno de España?En el caso de que el propio presidente del Gobierno hubiera sido condenado, tampoco podría hablarse de implicación del Estado por tratarse de una actuación a título particular] Desconocer este trascendental matiz no es solo forzar el sentido de lo que la justicia consideró probado, sino también ignorar las complejas condiciones en las que se llevó a cabo la Transición desde la dictadura al actual sistema de libertades. [Ciertamente, la transición se desarrolló en condiciones complejas, pero no se adivina qué tiene eso que ver con la vulneración de la Ley por los gobernantes] Guerra sucia existió antes de los Gobiernos de González y también hasta el año 86. [En realidad hasta el 24 de julio de 1987, fecha del asesinato de García Goena del que hablábamos ayer] Si no se dieron episodios bajo los Gobiernos del PP fue, sencillamente, porque encontraron resuelto ese siniestro problema, [ah, la sintaxis. ¿A qué siniestro problema se refiere el editorialista? En rigor, y puesto que en el párrafo sólo se refiere a la guerra sucia, el siniestro problema debería ser éste, pero la frase sería una perfecta tautología: no hubo guerra sucia porque se había acabado la guerra sucia. Hay una posibilidad: que quiera decir que el GAL no fue más que la continuación, en un todo uno e inconsútil, de la guerra sucia que se encontró el PSOE a su llegada al poder. Inexacto. Entre el último atentado del Batallón Vasco Español y sus variantes y la aparición del GAL pasan dos años. En el terrorismo de Estado presocialista (38 asesinatos) no fue condenado ningún ministro, ni secretario de Estado (Tal vez Suárez y Calvo Sotelo conocían mejor a los suyos. La diferencia es que el GAL nace bajo impulso político] no porque su virtud fuera superior a la de sus predecesores. [Chiudere in bellezza se llama la figura. ¿Cómo se puede poner en cuestión la superioridad moral de la izquierda? No sostendría yo, por otra parte, que los dirigentes del PP sean más virtuosos que los del PSOE, pero vayamos al hecho: cuando gobernaron no incurrieron en este vicio. Si lo que quería decir el párrafo confuso es que encontraron resuelto el siniestro problema que motivó la guerra sucia, esto es, el terrorismo, no se sostiene con los hechos. Veamos: 

Aznar tuvo más motivos personales para alentar una venganza personal contra ETA. Diez meses y medio antes de que ganara las elecciones, fue víctima de un atentado con coche-bomba el 19 de abril de 1995, experiencia que nunca sufrió González. El País publicó al día siguiente un solemne  editorial, en el que por cierto empleaba el concepto que ahora niega: terrorismo de Estado. Y al día siguiente, este otro, tan lejano al sectarismo.


Dieciséis meses después del 28-o que llevó a FG a La Moncloa, ETA asesina al primer dirigente socialista: el senador Enrique Casas el 23 de febrero de 1984. La respuesta fue implacable. Un mes más tarde (22 de marzo) cuatro miembros de los Comandos Autónomos, responsables del asesinato de Casas fueron acribillados con cartuchos de calibre 12, cargados con postas prohibidas para caza mayor en la zodiac con la que trataban de llegar a Pasajes. No tuvieron la oportunidad de rendirse y todavía hay un sumario abierto en un juzgado de San Sebastián.

El PP había sufrido el asesinato de su presidente en el País Vasco, el teniente de alcalde de San Sebastián, Gregorio Ordóñez, un mes y diez días antes de ganar las elecciones, el 3 de marzo de 1996 y volvió a sufrirlo 16 meses después con el secuestro y asesinato de de Miguel Angel Blanco. No se produjo nada parecido. Después hubo más asesinatos de políticos del PSOE y del PP, pero al parecer Aznar controlaba mejor a sus ministros que FG.

Otro dato: aquel día en que Aznar salvó la vida gracias al blindaje de su coche, el presidente del Gobierno, Felipe González Márquez no fue al hospital en el que permaneció unas horas en observación. Tampoco le llamó por teléfono.]