sábado, 3 de abril de 2010

Carta por el terremoto de Chile


“Tiembla mi tierra interior”

Afuera la nieve cubre de blanco la ciudad de Barcelona. Adentro, el corazón tiembla en las palabras que la mano dibuja en el papel. Temblor al escribir estas notas a mis hermanos que escuchan en sus voces, mi voz de horizonte lejano.
Y quise ayudar, enviarles mi voz en el viento. Enviar mis ánimos en estos momentos cruciales. Quise hacerlo de inmediato, pero preferí esperar el remanso de los eventos para compartirme con ustedes en este mensaje madurado en lejanías y en el silencio de la voz .
A semanas del terremoto, cuando la tierra aún se mueve desperezando la vida cotidiana, encuentro ya mi alma templada para poder hablarles desde adentro y llegar a ustedes al epicentro del corazón.

Tiembla, danza mi tierra. Mi tierra que llevo adentro. Ese país mágico que nunca se deja. “La patria que se lleva” como tanto escritor chileno ha dicho en más de una voz. Neruda, Huidobro, Serrano y Mistral, se agolpan en este temblor extenso de la patria interior.
Del estupor, a la conciencia de acompañarlos entero, es mi misión extranjera. Es que completo, se ha reorganizado el cuerpo y la mente de los que están lejos y sin embargo nunca se han ido.
Estamos con ustedes, en ustedes, y vivirlos ahora en estas horas de reconstrucción es lo más imperioso en nuestro camino. Somos crecimiento y transformación, Somos, transmutándonos y vivimos íntimamente ligados a esta corriente de movimiento y cambio en que estamos todos.

Mi tierra se desnuda de cuando en cuando. Se caen los edificios artificiales de nuestra vanidad. Las estructuras antiguas de nuestras rigideces. Las carreteras que no nos conectan, las escuelas y lugares de la indiferencia humana. Mi tierra se desnuda, mostrando nuestros traumas, miedos y carencias. La violencia interna que se alimenta en el silencio, la indiferencia y la diferencia social. Pachamama nos obliga a mirarnos directo al corazón. Observar la debilidad de no construir un Estado fuerte y una Nación sana como quisiéramos. De que aún el miedo y la desconexión de la abundancia real de la tierra, nos hace saquearnos entre nosotros, como saqueamos la naturaleza en desesperación y crudeza. Tiembla la tierra y nos muestran nuestra apatía y falta de fe. Ese es el amor de la tierra sagrada. Nosotros, los pequeños, Ella la grande.
Se desmoronan las falsas expectativas, porque ya hay que vivir en el territorio real de una patria sagrada. El Minche Mapu, ha danzado. La tierra de abajo ha desplegado su mensaje subterráneo. Se renueva la vida con su voz colosal de piedra crujiente. Se revela la vida. Se renuevan los reinos. El carbón aplastado en presión momentánea, genera más diamantes en el subsuelo de nuestros ojos. La tierra se enriquece.
Se mueven los canales de energía, se nutren las líneas Ley. Vibran las raíces de nuestros hermanos vegetales y la tierra se vuelve fértil al paso telúrico de la voz de la Madre. Las semillas que reposaban en un largo letargo sin luz, se despiertan y rompen para comenzar la vida. La tierra da a luz una luz que se proyecta hacia el cielo, en busca del Wanu Mapu, donde reside el sentido, las visones, los propósitos y los sueños.
En el medio, se despierta el Ayun Mapu, que es el amor que tenemos a la tierra. Se caen las barreras en la ayuda pronta al hermano caído. Se desprenden las máscaras sociales y se reconoce la vocación única del alma, ser Uno con el otro y dar desde lo que soy.
Se mueve la tierra, porque estaba estancada. Nuestra vocación es ser motor del mundo. Movernos para mover los corazones. Movernos más profundamente, más allá de la destrucción y el drama, hacia el diamante de la Oportunidad.
8.8 fue el precio y el signo oculto. Dos infinitos entre un punto llamado Chile. Arriba el infinito cielo y abajo la infinita tierra, al centro, el punto de fuga y de implosión, la tierra en el centro del alma. IDA y PINGALÁ despertando en la columna sagrada de Chille.
Algo se abre en las palabras que corren solas por el papel mensajero. Nunca me he ido de mi tierra, porque su fuerza y espíritu navega entre mis células. Éstas, que son mensajeras de un vivir en un territorio mágico en movimiento.
No hay distancias en el corazón: Saben mis manos proyectarse al dolor, para que nazca la conciencia.
Es la ciencia del desapego, queridos hermanos. Es dejar lo antiguo, por lo significativo. Es quebrar la apariencia, para que lo bello, lo bueno y lo verdadero que forman nuestra patria humana, reluzca en su verdadera proporción.
Tenemos una responsabilidad con el destino. Llevamos dentro la vocación de regenerarnos. Usemos sabiamente la posibilidad de ser cada día, más nosotros mismos. Que de estos golpes salgan las lecciones de la transparencia, la humildad y la empatía.
Mientras mi cuidad se llena de blanco, pienso en los días extraños que se avecinan. Todos sabemos en el cuarto interior, que se aproximan cambios. Por todas partes, los corazones saben que esto está comenzando…
Mi corazón está con cada uno de ustedes. En la distancia se ve claramente la conexión. Que la palabra lleve la luz y la luz de a luz la luz de la Conciencia.

Abrazándolos a todos

Juan Pablo Uribe
Barcelona, Marzo, 2010