miércoles, 17 de febrero de 2010

Un folio y una tarjeta Visa

EL PAÍS - CONCHA CABALLERO 15/02/2010

El ciego adivinó que el Lazarillo de Tormes estaba comiendo las uvas de tres en tres porque callaba mientras él las tomaba de dos en dos. Desde entonces las prácticas picarescas se han extendido sin distinción de clases y sin barreras. En casa de muchos funcionarios hay folios y enseres de oficina; los metalúrgicos coleccionan piezas de metal y otros artilugios; los sanitarios, gasas y material médico; y los gerentes de las empresas, tarjetas Visa oro y viajes gratuitos. Los obispos, por su parte, habitan en un lujo de palacios y obras de arte tan extremo y excelso que creen vivir en un mundo ajeno al valor del dinero.

La diferencia de gasto entre el paquete de folios y la tarjeta Visa es abismal; el concepto sin embargo es el mismo: el desprecio por los bienes públicos y el aprovechamiento personal de lo que pertenece a la comunidad. Es tremendamente injusto tildar de casta política a todas aquellas personas que ejercen la representación pública, pero es también injusto defenderla en su conjunto, no ser conscientes de sus defectos y no atajar los abusos de poder que se producen.

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