domingo, 15 de abril de 2007

Viento

Se quedó a 2 kilómetros lejanos e infranqueables.
Pero vencí mi miedo y me acerqué.
Le dije qué pensaba y lloré.
Me dijo otro tanto y lloramos juntos.
Su naturaleza esfumó las moléculas de agua y volvimos a charlar.
No hay respuestas.
No hay plan.
No hay solución inmediata.
Será un tiempo para decir si mantener la misma ventana o buscar otra de mejor color.
Me gusta la segunda idea.
Pero lloraré si se cumple.
Lloro por la primera e incluso por la inexistente en tercera opción.
De cualquier modo es doloroso el sentimiento.

Son dos rostros de manioreta, y yo sin tijeras para cortar el hilo.
Quiero ser viento. Al menos él puede decidir acercarse a las ventanas que le gustan.
Quiero ser lágrima, y así secarme y volver a empañar el vidrio del cristal de arriendo inoportuno.
Deseo ser aire, e insuflar mi propio desdén en llanto unido.
Llanto doloroso que se transformará en carmín esplendor.